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jueves, 30 de julio de 2020

La Ciudad de México y Japón


La historia de las relaciones entre México y Japón ha sido peculiar e interesante, en donde la Ciudad de México ha tenido un papel fundamental en la construcción de estos vínculos internacionales.

Tras el naufragio y rescate del barco San Francisco en costas japones, Rodrigo de Vivero se entrevisto con el shogún Tokugawa Hidetada. De esta reunión nació el interés del gobierno japonés de establecer relaciones comerciales con la Nueva España, por lo que se formó una embajada, encabezada por Hasekura Tsunenaga, que tenía la misión de realizar las negociaciones con las autoridades españolas. Una vez en suelo novohispano la Misión Hasekura recorrió varias ciudades de la Nueva España hasta llegar a la Ciudad de México, en  donde se entrevistaron con el Virrey y  Obispo de México. Ahí, algunos japoneses se bautizaron en la iglesia de San Francisco. Más tarde, esta empresa diplomática partió hacia Veracruz, donde posteriormente zarparían hasta España, pasando por La Habana, en la actual Cuba.

Durante el régimen porifirista, el gobierno mexicano intensificó las relaciones diplomáticas con Japón, firmando un histórico tratado comercial en 1888. Durante las fiestas del Centenario de la Independencia de México, el gobierno de Porfirio Díaz invitó a Japón a participar en los festejos. El 2 de septiembre de 1910, se celebró una muestra de arte industrial japonés y de artesanías en el Palacio de Cristal (actualmente el Museo Universitario del Chopo), la cual fue inaugurada por el propio presidente Porfirio Díaz y el embajador japonés Kumaichi Horiguchi. Por esta exposición, el Palacio de Cristal fue conocido como el "Pabellón japonés".

Durante la Decena Trágica, el golpe militar que tuvo lugar entre el 9 y el 19 de febrero de 1910 en contra de Francisco I. Madero, Kumaichi Horigoutchi, quien era en ese momento el representante diplomático de Japón, acogió a la familia del presidente Madero de los soldados de Victoriano Huerta, a pesar de que existían rumores de un posible ataque a la misión japonesa. No sólo el diplomático protegió a la familia de Madero, los japoneses residentes en la Ciudad de México acudieron en masa y los escoltaron. El propio Kumaichi Horiguchi extendió la bandera japonesa en la entrada de la embajada y amenazó a los soldados de Huerta a entrar con la consecuencia de crear un incidente internacional. Unos veinte japoneses, encabezados por el embajador, hicieron guardia con sus katanas esperando un ataque que nunca llegó.

Con la firma del Tratado de Amistad, Navegación y Comercio entre México y Japón en 1888, el flujo migratorio de Japón a México se incrementó. Entre los inmigrantes japoneses se encuentra Tatsugoro Matsumoto, un antiguo y afamado jardinero imperial japonés. Su trabajo fue muy apreciado en la Ciudad de México, Además de los jardines del Castillo de Chapultepec, los jardines del famoso Restaurante de la Bombilla —lugar donde murió asesinado el general Álvaro Obregón— fueron una de las creaciones más reconocidas del señor Matsumoto, quien también se encargó del cuidado de los jardines de las casas de importantes políticos. Al encontrar estabilidad el país tras la revolución mexicana, Matsumoto recomendó al presidente Álvaro Obregón (1920-1924)  plantar en las principales avenidas de la ciudad de México árboles de jacaranda  ya que las condiciones climatológicas de la ciudad eran adecuadas para su desarrollo. Desde ese momento, el árbol de jacaranda se reprodujo ampliamente por la Ciudad de México, convirtiéndose en parte esencial de su paisaje durante la primavera.

En el año de 1910, Sanshiro Matsumoto, hijo de Tatsugoro, arribó de Japón en busca de su padre. Sanshiro logró poner en ordenar la parte administrativa del negocio a la que su padre no ponía cuidado. Ambos empezaron entonces a crear un gran emporio en la Ciudad de México a pesar de las enormes dificultades que representó el inicio del movimiento revolucionario en México.

Por su parte, Yoshigei Nakatani, inmigrante japonés, quien llegó a México en 1932, y se asentó en el barrio de La Merced, en la Ciudad de México, fue el quien creo el denominado cacahuate japonés, la popular botana mexicana. Al principio, estos cacahuates se elaboraban en un pequeño local ubicado en La Merced y la distribución se hacía de mano en mano. En poco tiempo, el negocio del cacahuate japonés fue creciendo, llegando incluso hasta la Central de Abasto, el principal mercado mayorista y minorista de la Ciudad de México y Área Metropolitana. Para a mediados de la década de los setenta, el negocio que inició  Yoshigei Nakata empezó a dominar el mercado y para 1980 se crea la empresa Nipón.

En 1939 arribó a México Seki Sano, famoso actor, director de de teatro y coreógrafo japonés. Debido a su activismo político de orientación marxista, tuvo problemas en Japón y en diversos países por lo que sufrió el exilio, transitando por varias naciones hasta que,  tras la intervención del presidente Lázaro Cárdenas, llegó a tierras mexicanas como exiliado político.  Fundó la Escuela de Artes Dramáticas en el primer piso del cine Chapultepec (hoy la Torre Mayor ubicada en la Av. Reforma en la Ciudad de México), con lo que influyó de modo relevante en muchos actores de la época. También dirigió obras en el Teatro de Artes, un proyecto de su inspiración. Gracias a esto Seki Sano fue conocido como "padre del teatro de México".

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, por exigencia de los Estados Unidos, el gobierno mexicano concentró a todos los japones y sus descendientes en el país en la Ciudad de México y Guadalajara. A diferencia de otros países como los Estados Unidos o Perú, en México tenían prácticamente libertad de tránsito y no sufrieron las penurias de aquellos países. Sin embargo les fueron confiscados sus bienes. A pesar de esto, gracias a la ayuda de los comités de ayuda mutua, encabezados por Tatsugoro Matsumoto, consiguió mantener las relaciones sociales entre ambos países, incluyendo a importantes políticos mexicanos, a pesar que a nivel gubernamental, las relaciones estaban rotas oficialmente. Los comités de ayuda mutua abrieron oficinas en San Cosme (al centro de la Ciudad de México) en donde albergaron a familias japonesas. Sin embargo, debido a la gran cantidad de japoneses que buscaban refugio, tuvieron que utilizar la hacienda de los Matsumoto, El Batán, ( hoy la Unidad Independencia ubicada al sur de la Ciudad de México) como un refugio para cobijar a más familias japonesas. Al terminar la guerra, el gobierno mexicano reintegró los bienes a los japoneses y a sus descendientes. 

El 27 de julio de 1956 se fundaría la Asociación México Japonesa, sin embargo sus instalaciones se inaugurarían hasta el 30 de enero de 1959. Este proyecto se construyó con el reembolso de los recursos confiscados por el gobierno mexicano durante la Segunda Guerra Mundial. Sanshiro Matsumoto, uno de los fundadores de la AMJ donó uno de sus terrenos ubicado en la colonia  Las Águilas (Alcaldía de Álvaro Obregón) para que se pudiera construir el complejo. Actualmente este lugar no sólo sirve como un lugar de reunión de los japoneses y de los nikkei (emigrantes japoneses y su descendencia), sino también un lugar donde se desarrollan actividades que sirven de puente de entendimiento mutuo entre las comunidades de México y Japón.



FUENTES

Vergara Laguna, José. "El descubrimiento de México por los japoneses: una mirada a través de sus textos geográficos". Trace; N. 63.

Historia de las relaciones internacionales de México, 1821-2010. Asia, 1a edición México, Secretaría de Relaciones Exteriores, Dirección General del Acervo Histórico Diplomático, 2011

Horigoutchi, Kumaichi. "Diario de la Decena Trágica". Bicentenario. El ayer y el hoy de México; N. 4.

Historia. La amistad entre México y Japón, Boletín informativo de la embajada de Japón, Vol 3

Hernández, Galindo, Sergio. "Tatsugoro Matsumoto y la magia de las jacarandas en México". http://www.discovernikkei.org/es/journal/2016/5/6/tatsugoro-matsumoto/

Nakatani Sánchez, Emma Chrishuru. "El descubrimiento de México por los japoneses: una mirada a través de sus textos geográficos". ISTOR; N. 21.


Cucuel, Madeleine. "Seki Sano y el teatro de México : los primeros años 1939-1948". Tramoya; N. 39.

Peddie, Francis. "Una presencia incómoda: la colonia japonesa de México Durante la Segunda Guerra Mundial". Estudios de Historia Moderna y Contemporánea de México; N. 32.

Palacios, Héctor. "Japón y México: el inicio de sus relaciones y la inmigración japonesa durante el Porfiriato". México y la Cuenca del Pacífico; Vol 1 N. 1.






domingo, 2 de septiembre de 2018

La Decena Trágica a través de ojos japoneses


Se le conoce como "Decena Trágica" al golpe militar que tuvo lugar entre el 9 de febrero y el 19 del mismo mes de 1913, que culminó con la caída del gobierno de Francisco I. Madero y el asesinato del presidente y el vicepresidente José María Pino SuárezKumaichi Horigoutchi era en ese momento el representante diplomático de Japón, quien había llegado a México desde 1909, teniendo una participación relevante durante los festejos del Centenario de la Independencia, al presidir, junto con Yasuya Uchida, enviado especial de Japón, la Exposición Japonesa en el Palacio de Cristal, en la calle de Chopo.  En esta exposición estuvieron presentes maravillosas muestras del arte japonés. Tras la caída del gobierno de Porfirio Díaz, Kumaichi Horigoutchi fungió como representante comercial de Japón durante del mandato de Francisco I. Madero. Al comenzar la Decena Trágica, Horigoutchi  anotó en su diario, sus impresiones obre los sucesos que atormentaban a la Ciudad de México, dejando testimonio el apoyo que la Legación japonesa y muchos japoneses residentes en la ciudad le otorgaron al presidente Madero.

Domingo 9 de febrero de 1913. Kumaichi Horigoutchi escribe que en ese día se oían por las calles rumores sobre un posible levantamiento en contra de Francisco I. Madero, rumores que posteriormente se confirmaron. Muy temprano Horigoutchi, junto a su esposa, se dirigieron al Castillo de Chapultepec para encontrarse con la familia de Madero. Ella les mencionó que su marido se dirigió temprano hacia el centro de la ciudad, para hacer frente a los rebeldes. Horigoutchi menciona que el ambiente de la ciudad cambió, cuando los rebeldes tomaron La Ciudadela, las calles lucían vacías, estremeciéndose  con el continuo cañoneo. Horigoutchi dio asilo a la familia de Madero en la Legación japonesa. Para socorrer a tantas personas reunidas ahí, tuvo que recurrir a la ayuda de los residentes de la ciudad, quienes gustosos ayudaron.

Lunes 10 de febrero de 1913. Empezaban a llegar noticias de las revueltas. La situación era favorable para Madero, ya que la indisciplina y falta de provisiones hacía insostenible la revuelta. En la Legación se respiraba tranquilidad. En ese día Horigoutchi conoció a Gustavo Madero, hermano del presidente, quien viajaría como embajador al Japón. Horigoutchi lo describe como un hombre alto con voz robusta y fuerte, muy diferente a su hermano.

Martes 11 de febrero de 1913. Horigoutchi menciona que se intensificaron los ataques en La Ciudadela, dejando cuantiosas bajas en ambos bandos.

Miércoles 12 de febrero de 1913. La cruenta batalla seguía y los víveres empezaban a escasear en la Legación. Horigoutchi escribe que para poder conseguir más provisiones, tenían que ir al vecino pueblo de Tacubaya, encomienda peligrosa ya que tenían que pasar por la línea de fuego. No fueron pocas veces en que el camión que se transportaban terminaba con huellas de disparos. Sin embargo, los japoneses residentes en la ciudad no dudaron en prestar la ayuda y no hubo momento en que un voluntario japonés no se ofrecía en realizar la empresa. Misión más peligrosa era enviar telegramas a Oficina de Cable, ya que se encontraba en centro de la ciudad, en pleno campo de batalla. La Legación tenía que informar al gobierno de Japón cada día. Los voluntarios tenían que ir a pie prácticamente en sigilo y esquivando las balas, ya que era imposible ir en auto. Sin embargo cada día informaban a su gobierno de los acontecimientos de esos momentos. 

Jueves 13 de febrero de 1913. Por primeras vez, los proyectiles alcanzaron la Legación, sin causar ninguna desgracia. Horigoutchi menciona que la esposa de Madero volvió al Castillo de Chapultepec, mientras que los padres y hermanos del presidente se quedaron en la Legación.

Viernes 14 de febrero de 1913. A la hora de comer, Horigoutchi y los demás habitantes de la Legación escucharon la alarma de incendio. Cuando subieron a la Azotea para inspeccionar lo sucedido, vieron una enorme columna de humo negro, muy cerca de la casa de los padres de Madero. Poco después se confirmó que fue esta casa que se incendió a causa de los rebeldes. Horigoutchi menciona que en ese día se entrevistó con Pedro Lascuarín, Ministro de Relaciones Exteriores y fue en ese momento que se enteró del estado real de las cosas. La ciudad estaba totalmente colapsada y gran parte de sus casas destruidas. Pareciera que el combate no tuviera fin y a diario se podían ver incinerar los cadáveres tanto de rebeldes, leales a Madero y civiles.

Sábado 15 de febrero de 1913. En ese día llegaron rumores de que la Legación sería atacada por los rebeldes. Los familiares de Madero decidieron salir de la Legación para no causar más problemas. A pesar de que Horigoutchi insistió en que se quedaran, no pudo convencerlos. Así que Horigoutchi que hizo que sus familiares acompañaran a los padres y hermanas de Madero, suponiendo que los rebeldes no se atreverían a atacar a los familiares de diplomáticos japoneses. De este modo se dirigieron rumbo al Castillo de Chapultepec. Esa noche Horigoutchi y más de 20 japoneses armados con rifles y katanas vigilaron y esperaron un ataque que nunca llegó. 

Domingo 16 de febrero de 1913. A pesar de los ataques continuos, el día pasó sin novedad.

Lunes 17 de febrero de 1913. El cañoneo empezó temprano ese día, sin embargo, según Horigoutchi, los habitantes de la Legación no se estremecieron, ya que se habían acostumbrado a aquel infernal ruido.

Martes 18 de febrero de 1913. De un instante el cañoneo cesó. Para Horigoutchi esto fue un mal augurio, ya que pensó que los rebeldes centrarían sus ataques al Castillo de Chapultepec. Al poco tiempo regresaron sus familiares junto a los de Madero. Al preguntarles el porqué volvieron a la Legación, estos les respondieron que el General Victoriano Huerta, quien era su hombre de confianza, lo había traicionado, y lo había hecho prisionero, junto a sus ministros, en Palacio Nacional. Horigoutchi recuerda que días antes, a Huerta lo conoció en una recepción que Madero le hizo en su honor, tras volver de sofocar una rebelión en el norte del país. También recuerda que Madero proclamo a Huerta como “su héroe”.

Miércoles 19 de febrero de 1913. Un nuevo rumor llegó a la Legación.  Esta vez decía que como Madero se negaba a renunciar como presidente, Huerta atacaría la Legación japonesa y aniquilaría a su familia. Decidido, Horigoutchi fue a entrevistarse con Huerta para saber si eran reales sus intenciones de atacar la Legación. A su vez, Huerta le respondió que tales rumores no tenían fundamento y que las vidas de los familiares de Madero serían respetadas y resguardadas. Aprovechando  Horigoutchi solicitó entrevistarse con Madero, a lo que Huerta accedió. Estando frente a frente, Madero de agradeció a Horigoutchi por haber salvado a su familia. Ese mismo día, llegó la noticia del fusilamiento del hermano del presidente, Gustavo Madero, noticia que conmocionó a todos en la Legación. En la noche, recibieron la noticia que Madero lo enviarían a Veracruz para que ahí fuera exiliado al extranjero. Horigoutchi de dirigió a la estación del tren para despedirlo, sin embargo nunca llegó. En la madrugada recibiría la noticia que esa noche no saldría.
Jueves 20 de febrero de 1913. El cuerpo diplomático, entre ellos Horigoutchi, visitó a Huerta, obteniendo la promesa de respetar la vida del presidente y vicepresidente. Sin embargo no podía dejarlos en libertad en ese momento para evitar una contra-revuelta. El cuerpo diplomático recibió una invitación del embajador de Estados Unidos, donde convocaba a una reunión para tratar el discurso de reconocimiento al nuevo gobierno.

Viernes 21 de febrero de 1913. Francisco Madero y José María Pino Suárez siguen detenidos. La Legación japonesa y demás cuerpo diplomático fueron recibidos en Palacio Nacional por el presidente provisional. Después de un discurso, cada miembro del cuerpo diplomático estrechó manos con el presidente provisional. En ese omento, Huerta alabó la actitud altruista del ministro y pueblo japonés por haber salvado la vida a más de 30 mexicanos. Estas alabanzas fueron secundadas por los demás ministros. Horigoutchi había conseguido que Madero viera a su esposa y a su madre, sin embargo, de última hora se les negó la petición.

Sábado 22 de febrero de 1913. La embajada de Estados Unidos realizó una fiesta en honor al aniversario de George Washington, donde acudió todo el nuevo gabinete. Para Horigoutchi esta fiesta bien vista ni oportuna, dada la situación que atravesaba el país.

Domingo 23 de febrero de 1913. Temprano llegó la terrible noticia de la muerte de Madero y Pino Suárez. Horigoutchi y otros diplomáticos hicieron todo lo posible para entregar el cuerpo de Madero a su familia. 

Lunes 24 de febrero de 1913. A la ceremonia fúnebre de Francisco I. Madero asistió toda la Legación japonesa, incluyendo la familia de Horigoutchi. 

Miércoles  26 de febrero de 1913. Horigoutchi y su familia asistieron al Panteón Francés, donde fue enterrado Madero, para depositar ofrendas flores en su tumba. A su lado estaba la tumba de su hermano, Gustavo Madero. A Horigoutchi le llamó la atención una corona de flores con la leyenda “Víctima de la democracia”.

Jueves 27 de febrero de 1913. Horigoutchi menciona que la ciudad vuelve poco a poco a tomar su aspecto normal. Su esposa visitó todos los días a la viuda de Madero, hasta el 23 de marzo de ese año, día que salieron de México, después de estar cuatro años residiendo en el país.  


domingo, 29 de abril de 2018

Tatsugoro Matsumoto y las jacarandas en México



Si Tatsugoro Matsumoto, un antiguo jardinero imperial japonés, no hubiera llegado a México a finales del siglo XIX, posiblemente el aspecto de la Ciudad de México hubiera sido totalmente diferente. La jacaranda, ese árbol de origen sudamericano que tapiza sus calles con sus flores moradas en primavera, no existiría.

Tatsugoro Matsumoto fue uno de los primeros emigrantes provenientes de Japón que llegó a Latinoamérica. Antes de llegar a México en 1897, Matsumoto había trabajado en Perú años atrás. En ese sitio, Tatsugoro conoció a José Landero y Coss, hacendado y minero mexicano, quien se impresionó por el trabajo de jardinería de Matsumoto. Landero lo invitó a su Hacienda de San Juan Hueyapan, cerca de Pachuca, para que creara un jardín similar con un lago artificial.

Matsumoto, después de realizar el jardín en la hacienda de Landero, regresó a su tierra natal para visitar a su esposa, aunque ya tenía planeado establecerse definitivamente en México.  Tatsugoro Matsumoto ya no volvió a Japón, ya que murió en territorio mexicano en 1955 a la edad de 94 años.

Debido a sus espectaculares trabajos de jardinería, Tatsugoro Matsumoto ganó fama y reconocimiento entre la sociedad porfiriana. Porfirio Díaz, al enterarse de la calidad de su trabajo, lo invitó para que se encargara de los jardines florales de la residencia presidencial que estaba ubicada en el Castillo de Chapultepec. Trabajó para varis políticos y personalidades importantes de la época. Entre sus obras más destacables se encuentra los jardines del restaurante campestre conocido como La Bombilla, lugar en donde sería asesinado Álvaro Obregón a manos de León Toral.

En 1910, llega proveniente de Japón, su hijo, Sanshiro Matsumoto. Ya establecido en México, se encarga del negocio de su padre, ya que la parte administrativa no estaba en condiciones óptimas. En poco tiempo, padre e hijo crean un importante negocio de flores, a pesar de las dificultades sociales y económicas causadas por el movimiento revolucionario. Sanshiro Matsumoto participó 

Tras establecerse una estabilidad en la situación política y social en México después de la Revolución Mexicana, Álvaro Obregón deseaba plantar cerezos en la Ciudad de México. Sin embargo, los Matsumoto le recomendaron que la mejor opción era plantar jacarandas, árbol introducido desde Brasil por Tatsugoro Matsumoto. El argumento era que esta especie estaba mucho mejor adaptada a las condiciones climatológicas de la ciudad para que florecieran en primavera. De esta forma se plantaron jacarandas en las principales avenidas de la Ciudad de México.

Desde ese momento, la jacaranda retoñó no sólo en la Ciudad de México, sino que al poco tiempo se fue expandiendo a otros territorios de México. Gracias a a estos acontecimientos, en México se puede disfrutar de una experiencia similar al hanami (fiesta japonesa de observación de flores) con las jacarandas, que en los meses de marzo y abril florecen, recordando el trabajo de Matsumoto en México.


FUENTES

La Feria de las Flores, 160 años coloreando San Ángel, primera edición, México, Miguel Ángel Purrúa/Delegación Álvaro Obregón., 2017

Hernández, Galindo, Sergio. "Tatsugoro Matsumoto y la magia de las jacarandas en México". http://www.discovernikkei.org/es/journal/2016/5/6/tatsugoro-matsumoto/

Keber Palma,Víctor. (2015). Japón y la Revolución Mexicana. Las supuestas conjeturas nipo-mexicanas en contra de la Doctrina Monroe [Tesis de doctorado, El Colegio de Michoacán]

martes, 31 de enero de 2017

La Comisión Astronómica Mexicana en Japón



El 9 de diciembre de 1874 ocurriría uno de los acontecimientos de gran relevancia para la astronomía: la aproximación del planeta Venus a la tierra. Este suceso ocurre cada siglo. Estas observaciones eran de gran importancia ya que con los datos obtenidos se podría  fijar con exactitud la distancia Sol-Tierra, lo que a su vez les permitiría conocer de manera correcta las dimensiones del Sistema Solar .Por este motivo, Francisco Díaz Covarrubias, afamado científico  mexicano, solicitó al presidente Sebastián Lerdo de Tejada la creación de una misión científica para poder llevar a cabo la observación astronómica.  Tras varias gestiones, se creó la Comisión Astronómica Mexicana con el ingeniero Francisco Díaz Covarrubias como jefe de la expedición. El lugar escogido para realizar la investigación científica sería en Yokohama, Japón. De esta forma, el viaje de la Comisión Astronómica sería la primera expedición científica mexicana al extranjero subvencionada por el gobierno.

Tras una larga travesía, la expedición astronómica arriba en el puerto de Yokohama el 9 de noviembre de ese mismo año.  Los científicos mexicanos  instalaron dos campamentos en las afueras de la ciudad. Una de las estaciones astronómicas se  instaló en una pequeña colina conocida como Bluff, ubicada en la zona de libre acceso a los extranjeros, por lo que no era necesario obtener autorización especial del gobierno japonés. El segundo observatorio fue instalado en la colina de Nogue-no-yama, localizada fuera del sector permitido a los extranjeros, razón por la cual Francisco Díaz Covarrubias, tuvo que solicitar permiso especial al gobierno. En esa época Japón no admitía  que los extranjeros vivieran fuera del territorio permitido. Sin embargo, el Gobierno japonés no sólo autorizó al grupo de observadores mexicanos, con todas las facilidades posibles, sino a demás envió dos oficiales, un estudiante de marina y un funcionario del Ministerio de Educación, como asistentes a la observación del astro. Además, el observatorio mexicano se encontraba muy cerca de Tokio, por lo cual los observadores  pudieron fácilmente fomentar amistad con funcionarios japoneses y su pueblo.

Los resultados de la expedición científica fueron exitosos. De todas las expediciones que realizaron observaciones del tránsito de Venús de 1874, la primera que presentó resultados fue la mexicana. Gracias a este viaje, la Comisión Astronómica Mexicana logró establecer contactos con varias sociedades científicas de otros países.  También demostró que en México había personas con capacidad para contribuir al desarrollo de la ciencia. Otro aporte de este viaje fue la gran cantidad de noticias que los comisionados trajeron sobre Japón, su pueblo y su gobierno, así como las relaciones no oficiales que Díaz Covarrubias estableció con esas autoridades. Esas relaciones  ayudaron a que pocos años después se establecieran relaciones oficiales entre ambos países con la firma del Tratado de Amistad entre México y Japón en 1888.

Los resultados del  viaje de la Comisión Astronómica Mexicana a Japón y todos sus pormenores fueron publicados en un libro que posteriormente fue editado bajo el nombre de VIAJE DE LA COMISIÓN MEXICANA A JAPÓN PARA LA OBSERVACIÓN DEL TRÁNSITO DE VENUS DE 1874



























sábado, 31 de diciembre de 2016

La inmigración japonesa en México


Tras la firma del Tratado de Amistad entre México y Japón en 1888, ambas naciones establecieron formalmente una relación diplomática y comercial. De esta manera se facilitó y promovió la inmigración japonesa hacia tierras mexicanas. Enomoto Takeaki, quien fuera ministro de Asuntos Exteriores de Japón, fue uno de los principales promotores de la inmigración japonesa hacia México. Así, en 1897, zarpa desde Japón el primer grupo inmigrantes japoneses que se establecerían tiempo después en Chiapas. Esta colonia sería la primera que se fundaría en México y América Latina. Asentados muy cerca del pueblo de Escuintla, los japoneses intentaron cultivar café, sin embargo, la época en la que llegaron no era la adecuada para iniciar el cultivo. También, las semillas de café que consiguieron, no eran las ideales para el tipo de tierra de la región. A partir de ese momento, la colonia japonesa tuvo que soportar grandes penalidades, ya que sufrieron enfermedades típicas del trópico, además de soportar las abundantes lluvias y calor extremo. Al mismo tiempo tenían que enfrentarse al hecho que sus reservas de alimentos empezaban a escasear y de que no podían sacarle provecho a sus tierras. Tras tres años, la colonia se desintegró, sin embargo, seis migrantes japoneses, quienes tenían estudios de agronomía, decidieron quedarse en el vecino pueblo de Escuintla y fundar la Sociedad Cooperativa Japonesa Mexicana, que llegó a ser una de las empresas creadas por inmigrantes japoneses más poderosas del continente americano.

Durante los primeros años del siglo XX se planearon varios proyectos de colonización japonesa en México, sin embargo, ninguno llegó a concretarse. No obstante, en ese mismo lapso de tiempo, mas de diez mil inmigrantes japoneses llegarían a tierras mexicanas. Tras el auge de las industrias mineras, cañera y ferrocarrileras durante el porfiriato, varias compañías necesitaron mano de obra para atender sus crecientes necesidades, de este modo, miles de japoneses y chinos, llegaron a trabajar a estas industrias. Muy pocos se quedaron en México, ya que el objetivo de la mayoría era ingresar hacia los Estados Unidos, donde ofrecían mejores salarios y condiciones de trabajo. Sin embargo, algunos tuvieron que regresar a México, debido al clima de xenofobia y discriminación que sufrieron los japones en Estados Unidos y en otros países durante los primeros años del siglo XX.

A partir de la segunda década del siglo XX empiezan a llegar a México japoneses con estudios en medicina, farmacéutica, odontología y veterinaria.  Estos médicos japoneses, a pesar que que muchos aún no obtenían su título profesional,  llegarían a cubrir la falta de personal médicos en las zonas agrícolas y rurales, debido a los estragos ocasionados por la revolución mexicana.  Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial este grupo disminuyó considerablemente.

Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, por exigencia de los Estados Unidos, el gobierno mexicano concentró a todos los japones y sus descendientes en el país en la Ciudad de México y Guadalajara. Además rompió lazos comerciales y diplomáticos con Japón. A diferencia de otros países como los Estados Unidos o Perú, en México no sufrieron maltrato físico y tenían prácticamente libertad de tránsito. Sin embargo les fueron confiscados sus bienes, provocando la quiebra de muchos negocios y comercio. A pesar de esto, gracias a la ayuda de los comités de ayuda mutua creados por los mismos japones consiguió mantener las relaciones sociales entre ambos países, incluyendo a importantes políticos mexicanos, a pesar que a nivel gubernamental, las relaciones estaban rotas oficialmente.  Al terminar la guerra, el gobierno mexicano reintegró los bienes a los japoneses y a sus descendientes.

Durante la segunda mitad del siglo XX, hubo un aumento de inversión de capital japonés, estableciéndose en el país varias empresas transnacionales niponas. De esta forma empezaron a llegar técnicos japones quienes inmigraban al país para trabajar en estas nuevas industrias. Actualmente, se estima que hay aproximadamente unos 30.000 japoneses o descendientes de japoneses residiendo en México.




























































martes, 30 de agosto de 2016

Japón y la Revolución Mexicana


A pesar de la gran distancia que separa a Japón de México, varios japoneses tuvieron un papel activo dentro de la Revolución Mexicana, desde soldados que estuvieron en el campo de batalla, hasta diplomáticos que pelearon a su manera de una forma más protocolaria.

Durante esta época, muchos inmigrantes japoneses participaron en la Revolución Mexicana, uniéndose al bando constitucionalista, luchando por los ideales de la revolución. De entre estos japoneses se pueden destacar Kisaburo Yamane, quien alcanzó el grado de Capitán de Infantería y Fusaichi Otakora, quien ocupó el rango de Capitán de Caballería. Ambos se casaron con mexicanas y se asentaron en el país.  En el caso de Yamame, quien adoptó en México el nombre de Antonio Kisaburo Yamame, llegó a tierras mexicanas en 1888, cuando sólo tenía dieciocho años. Él aprendió y trabajó en varios empleos eventuales hasta que se unió a las filas revolucionarias en 1911. También formó parte de la Legión de Honor Mexicana.

Otro japonés que destacó en la Revolución Mexicana fue Kingo Nonaka. De origen humilde, trabajó en el campo y en el buceo de pesca de perlas en su natal Japón. Llega a México a la edad de diecisiete años, trasladándose primero a Oaxaca para trabajar en una plantación de café. Estando en México, adopta el nombre de José Genaro Kingo Nonaka. Posteriormente emprende un viaje rumbo a los Estados Unidos, haciendo primero una escala en Chihuahua, en donde aprendió de forma autodidacta Enfermería en un hospital cercano. Kingo Nonaka se encontraba en Casas Grandes, cuando las fuerzas de Francisco I. Madero atacaron al ejército federal que estaba asentado en el lugar. Debido a las habilidades que había adquirido en enfermería, Nonaka fue llamado para curar una herida en la mano de Madero, hecho que lo llevó a unirse al bando revolucionario de Madero. Posteriormente participó en el Batallón de Sanidad de la División del Norte que dirigía Francisco Villa, obteniendo el rango de Capitán. Más tarde, sirvió a las fuerzas de Álvaro Obregón. Debido a su actuación durante la Revolución Mexicana, en 1967 el gobierno mexicano le otorga la medalla al mérito por su servicio.

Durante el golpe militar en contra de Madero en 1913, conocido como la "Decena Trágica", la familia del presidente Madero buscó asilo en la legación japonesa encabezada por el Sr. Kumaichi Horiguchi, quien los acogió y protegió de los soldados de Victoriano Huerta, a pesar de que existían rumores de un posible ataque a la misión japonesa. No sólo el diplomático protegió a la familia de Madero, los japoneses residentes en la Ciudad de México acudieron en masa y los escoltaron. El propio Kumaichi Horiguchi extendió la bandera japonesa en la entrada de la embajada y amenazó a los soldados de Huerta a entrar con la consecuencia de crear un incidente internacional. Unos veinte japoneses, encabezados por el embajador, hicieron guardia con sus katanas esperando un ataque que nunca llegó.

Por su parte, Kinta Arai, miembro de esta misma legación respaldó al embajador cubano Manuel Márquez Sterling para salvar la vida del Presidente Madero, emitiendo un salvoconducto con destino a Cuba. Sin embargo, con el incumplimiento del gobierno de Victoriano Huerta de respetar las vidas Madero y de Pino Suárez, se suspenden las relaciones diplomáticas, al no tolerar  la injerencia del embajador estadounidense en el conflicto.  Arai fue el que propuso la idea de extender la bandera de Japón en la entrada de la embajada  cuando el ejército de Huerta pretendió ingresar a la misma y llevarse a la familia de Madero.




Historia. La amistad entre México y Japón, Boletín informativo de la embajada de Japón, Vol 3

Keber Palma,Víctor. (2015). Japón y la Revolución Mexicana. Las supuestas conjeturas nipo-mexicanas en contra de la Doctrina Monroe [Tesis de doctorado, El Colegio de Michoacán]

Kashima. Tetsuden, Judgment Without Trial: Japanese American Imprisonment During World War , primera edición, Washington, University of Washington Press., 2003




miércoles, 29 de junio de 2016

La historia del cacahuate japonés


El cacahuate japonés es una botana mexicana hecha de una gruesa capa de harina de trigo con un poco de salsa de soya. Este producto se remonta a mediados del siglo XX, fabricados en un principio por las familias Nakatani y Nishikawa de origen japonés.

Yoshigei Nakatani, inmigrante japonés, quien llegó a México en 1932, y se asentó en el barrio de La Merced, en la Ciudad de México, fue el quien creo el denominado cacahuate japonés. El señor Nakatami trabajo durante varios en una fábrica de dulces en Sumotoshi, su pueblo natal, elaborando mamekashi, que son semillas como frijoles, chícharos, cacahuates, entre otros, cubiertas de harina condimentada. Con el fin de sacar adelante a su familia que había formado con su esposa Emma Avila Espinoza, Nakatani aprovechó su experiencia laboral para producir un cacahuate mezclado con harina de trigo y sazonado con salsa de soya. De esta forma Nakatani creó el cacahuate japonés, aunque en realidad esta botana no era conocida en Japón.

Al principio, estos cacahuates se elaboraban en un pequeño local ubicado en La Merced y la distribución se hacía de mano en mano. Los consumidores que iban a comprar los cacahuates se dirigían con el japonés, de ahí el origen de su nombre. En poco tiempo, el negocio del cacahuate japonés fue creciendo, llegando incluso hasta la Central de Abasto, el principal mercado mayorista y minorista de la Ciudad de México y Área Metropolitana. Para a mediados de la década de los setenta, el negocio que inició  Yoshigei Nakata empezó a dominar el mercado y para 1980 se crea la empresa Nipón, dirigida actualmente por sus descendientes.

Hoy en día, a pesar de la fuerte competencia de empresas transnacionales que empezaron a ganar terreno en el mercado de ese  producto, la empresa Nipón sigue produciendo sus famosos cacahuates japoneses.


lunes, 29 de febrero de 2016

México, el mar y Japón: El naufragio de Don Rodrigo de Vivero y la Misión Hasekura


México y Japón están separados por un inmenso océano, sin embargo, éste ha sido protagonista de episodios que han marcado las relaciones entre ambos países.

En 1609, Rodrigo de Vivero y Abezurra, gobernador interino de  la Capitanía General de Filipinas, estaba dispuesto a regresar a la Nueva España, hoy México, una vez terminado sus obligaciones en aquel lugar. Zarpó de Manila rumbo a Acapulco, sin embargo, una fuerte tormenta hizo naufragar su barco, el San Francisco, cerca de las costas japonesas. El galeón se perdió completamente y unos 317 sobrevivientes fueron rescatados por pescadoras de Onjuku, una pequeña aldea de no más de 300 habitantes. Estas mujeres hicieron revivir a los marineros náufragos, congelados por el frío mar, abrazándolos para transmitirles calor.

Entre los sobrevivientes, estaba Rodrigo de Vivero, los cuales fueron llevados ante el shogún Tokugawa Hidetada, posteriormente, Rodrigo de Vivero se entrevistó con el padre del shogún, Tokugawa Ieyasu, su antecesor, que a pesar de esta retirado, aún tenía mucha injerencia en el poder. Con el permiso del shogún, Rodrigo de Vivero visitó gran parte del territorio japonés, y le propuso un acuerdo en el cual se establecerían relaciones diplomáticas entre el imperio español y Japón y rutas comerciales directas con la Nueva España. A pesar de que existía interés por parte de Tokugawa, por diversos motivos, este acuerdo no se llegó a concretarse. Para poder volver a Nueva España, el shogún le prestó a Vivero un barco construido por Williams Adams, un ex marino inglés, que trabajaba como asesor del shogún. Esta embarcación, bautizada como el San Buenaventura, fue el primer barco construido en Japón en cruzar el océano Pacífico.

Tras la aventura de Rodrigo de Vivero en tierras japonesas, Date Masamune, un daimyō que gobernó la ciudad de Sendai, a principios del Siglo XV, se interesó en establecer relaciones diplomáticas con occidente, a través de Nueva España, y el imperio español. De este modo, Date Masamune organizó una misión conocida históricamente como la Misión Hasekura que fue encabezada por Tsunenaga Hasekura, un importante vasallo suyo.  Hasekura tuvo a su cargo una tripulación de unas 180 personas y un galeón construido por órdenes expresas de Date Masamune y con el consentimiento de Ieyasu Tokugawa, el cual se le conoció con el nombre de San Juan Bautista. Esta embarcación zarpó de Japón en octubre de 1613 y arribó al puerto de Acapulco, en el actual México, en enero de 1614.

Una vez en suelo novohispano, la misión fue recibida con una gran ceremonia por parte de representantes del gobierno virreinal. En los siguientes meses, la Misión Hasekura recorrió varias ciudades de la Nueva España hasta llegar a la Ciudad de México, en  donde se entrevistaron con el Virrey y  Obispo de México. Ahí, algunos japoneses se bautizaron en la iglesia de San Francisco. Más tarde, esta empresa diplomática partió hacia Veracruz, donde posteriormente zarparían hasta España, pasando por La Habana, en la actual Cuba.

Ya en Europa,  Hasekura se entrevistó con el Rey Felipe III de España y el Papa Paulo V a quienes les transmitió los mensajes y deseos de Date Masamune. Posteriormente, la Misión Hasekura regresó a la Nueva España para embarcarse después rumbo a Japón. Después de muchas dificultades, Hasekura y su tripulación regresó a su tierra natal en septiembre de 1620, dándole todos los informes a Date Masamune. Sin embargo, en el transcurso de los 7 años que duró el viaje de la misión, la política interna de Japón cambió, prohibiéndose el cristianismo y provocando un aislamiento internacional del país oriental. Por estos motivos, los propósitos de la Misión Hasekura se vieron frustrados e imposible de realizar.

A pesar de todos esos inconvenientes, los proyectos de Rodrigo de Vivero y Tsunenaga Hasekura se volverían realidad casi más dos siglos después de sus odiseas marítimas, cuando Japón, quién había reiniciado el contacto internacional, y México, ya como país independiente, firmaron un tratado comercial en términos de igualdad mutua. 



lunes, 27 de abril de 2015

Porfirio Díaz y Japón



Durante el régimen porifirista, el gobierno mexicano intensificó las relaciones diplomáticas con Japón, firmando un histórico tratado comercial en 1888. Un hecho que sirvió como antecedente inmediato  para que esto fuera posible, fue la visita del científico mexicano Francisco Díaz Covarrubias a tierras niponas para presenciar un importante evento astronómico.

En 1874  la Comisión Astronómica Mexicana, encabezada por Francisco Díaz Covarrubias, viajó a Japón para observar el tránsito de Venus frente al disco solar (lo cual ocurre sólo dos veces cada siglo); con el objetivo de  calcular con exactitud la distancia entre el Sol y la Tierra. Los mexicanos lograron hacer dicha observación en Yokohama. Japón no admitía en aquel tiempo que los extranjeros vivieran fuera del territorio de concesión. Sin embargo, el Gobierno japonés no sólo autorizó al grupo de observadores mexicanos, con todas las facilidades posibles, sino a demás envió dos oficiales, un estudiante de marina y un funcionario del Ministerio de Educación, como asistentes a la observación del astro. Tras la expedición, Francisco Díaz Covarrubias realizó una detallada descripción de la sociedad, economía y política japonesa, dando su punto de vista sobre la conveniencia de entablar relaciones diplomáticas y comerciales con Japón, así como facilitar y promover la inmigración japonesa hacia territorio mexicano.

Tras varias negociaciones, los gobiernos de México y Japón acordaron en 1888 un Tratado de Amistad, Navegación y Comercio, el primero en su tipo firmado por Japón en condiciones de igualdad.  Las negociaciones se llevaron a cabo en Washington a través de los representantes de cada país. Este tratado fue firmado en Washington el 30 de noviembre de 1888, por los ministros Mutsu Munemitsu y Matías Romero. El Tratado de Amistad, Navegación y Comercio entre México y Japón  entró en vigor en junio de 1889 en ambos países. En octubre de 1891 se formó el primer consulado del Japón en México.

Anteriormente, Cuando Japón fue obligado por los Estados Unidos a abrir sus puertos comerciales en 1854, el gobierno japonés no tuvo más opción que ceder ante la presión militar de Matthew C. Perry y sus buques de guerra que amenazaban las costas japonesas, y firmar tratados desiguales con los Estados Unidos y otras potencias occidentales.  Un elemento común en estos tratados era el sentido de extraterritorialidad, el cual le daba inmunidad a los ciudadanos extranjeros en territorio japonés. Sin embargo, en el tratado firmado por México y Japón se eliminaba la extraterritorialidad jurídica  donde los mexicanos en aquel país tendrían que acatar las leyes japonesa, así como los japoneses en México tendrían que acatar las leyes mexicanas. Por primera vez Japón lograba firmar un tratado igualitario en este sentido, el cual sirvió como precedente para futuras negociaciones del gobierno japonés. Por otra parte, el tratado permitía a los ciudadanos mexicanos el privilegio de entrar, permanecer y residir en cualquier parte del territorio japonés, un derecho que no se le había otorgado a ninguna otra nación.

Una de las consecuencias de ese acuerdo fue el flujo migratorio de Japón a México inaugurado en 1897 por migrantes enviados por el vizconde Enomoto Takeaki al Estado de Chiapas. En marzo de 1897 salió del puerto de Yokohama el primer grupo migratorio japonés con destino a México. Este grupo estaba compuesto por 28 trabajadores que viajaban bajo el estatus de colonos, más otros seis con perfil migrantes libres. El 10 de mayo de 1897 llegaron al puerto de San Benito, Chiapas (hoy Puerto Madero). De ahí se trasladaron hacia el pueblo de Escuintla, hasta llegar a los terrenos donde tenían que establecerse y trabajar. De este modo, con la llegada de un contingente de 34 japoneses llamados "Colonia Enamoto" en la región del Soconusco en el Estado de Chiapas, México se convirtió en el primer país latinoamericano en albergar la migración japonesa. El objetivo principal era que los colonos japoneses cultivaran café, sin embargo, diversos factores como el clima, la adaptación, algunas enfermedades, entre otras cosas, impidieron a que se dieran los resultados deseados. A pesar de estas adversidades, los seis migrantes libres, quienes tenían estudios en agronomía, fundaron la Sociedad Cooperativa Japonesa Mexicana, que llegó a ser una de las empresas de inmigrantes japoneses más grandes del continente americano. Para finales del siglo XIX, más de 10 mil migrantes japoneses desembarcarían en México.

Sin embargo, la primera migración japonesa  tiene registro en forma individual, inició en el año de 1890. Se trata de Tatsugoro Matsumoto, maestro jardinero imperial, especializado en  jardines japoneses, arreglos de rocas y cascadas. Tatsugoro Matsumoto había desembarcado en México antes de dirigirse a Perú, donde fue contratado por el Ministro de Haciendo de aquel país. Al regresar a tierras mexicanas, se traslado a la Ciudad de México, en donde estableció un negocio de florería y jardinería, en una de las zonas más lujosas de ese entonces.  Desde los primeros años de su estancia en México, su maestría en el trabajo de jardinería y de florería cautivó a la altas esferas de la sociedad porfiriana, trabajó para las familias más adineradas  e incluso para el presidente Porfirio Díaz. Introdujo el arte de los árboles bonsai, además de una gran variedad de especies de flores desconocidas en México como la bugambilia, los tulipanes o la jacaranda. Desde que se estableció en México, Tatsugoro Matsumoto nunca abandonó el país, murió a la edad de 94 años.

Durante las fiestas del Centenario de la Independencia de México, el gobierno de Porfirio Díaz invitó a Japón a participar en los festejos. La delegación japonesa regaló al gobierno de México un reloj monumental y dos floreros de cerámica Satsuma. El 2 de septiembre de 1910, se celebró una muestra de arte industrial japonés y de artesanías en el Palacio de Cristal, la cual fue inaugurada por el propio presidente Porfirio Díaz y el embajador japonés Kuma Horiguchi. Por esta exposición, el Palacio de Cristal fue conocido como el "Pabellón japonés". Lo que sobresalió de esta muestra fue el jardín japonés que fue instalado, además de las actividades culturales y la exhibición de equipo industrial del país asiático. El 1 de Diciembre de 1913, una vez terminadas las fiestas del Centenario y la Clausura de la Exposición Japonesa, tuvo lugar la inauguración del nuevo Museo Nacional de Historia Natural (hoy Museo Universitario del Chopo).




jueves, 25 de abril de 2013

Yuki-onna: La leyenda de la mujer de la nieve

Esta historia tiene su origen en el Japón antiguo, en una época donde la vida en el campo era difícil, más cuando se acercaba el invierno. Ganarse la vida era duro y recoger leña del bosque para venderla después era de las pocas opciones en la que se podía obtener lo necesario para subsistir. Precisamente éste era el trabajo de dos pobres aldeanos llamados Mosaku y Minokichi.

Mosaku era una persona de edad avanzada,  su piel estaba curtida por el paso del tiempo y el arduo trabajo. Por su parte, Minokichi, quien fungía como aprendiz del anciano, era un joven fuerte y vigoroso, quien aún no había cumplido los 19 años. Todos los días ambos de adentraban el bosque que se situaba cerca de su aldea para poder cortar la leña que necesitaban. Terminada su jornada de trabajo, regresaban a su villa con toda la leña recogida, volviéndose así una rutina.

Sin embargo, en una noche de invierno,cuando Mosaku y Minokichiu se disponían a regresar después de recolectar madera, una fuerte ventisca apareció, cubriendo de nieve el camino que siempre seguían. La tormenta acrecentó y el regreso a casa de ambos hombres era imposible. Al ver la difícil situación, empezaron a deambular por el oscuro bosque en busca de ayuda o refugio, sin tener éxito.  A pesar de la oscuridad de la noche y de la fuerte nevada, Minokichi pudo divisar a lo lejos una pequeña cabaña abandonada. A duras penas pudo arrastrar a su viejo maestro adentro de la cabaña, quien empezaba a desfallecer a causa del cansancio y de la hipotermia. Ya resguardados del frío, Mosaku y su joven aprendiz se dispusieron a pasar la noche, esperando el sol del nuevo día.

El cansancio los había vencido, quedándose completamente dormidos, pero su sueño no dudaría mucho. De repente una fuerte ráfaga de viento abrió de golpe la puerta de la cabaña. Minokichi despertó inmediatamente, y al ver hacia el lugar donde descansaba Mosaku, quedó impactado con lo que vio.  Era una mujer quien se encontraba inclinada enfrente del pobre anciano. Su cabello era largo y negro y llevaba un kimono tan blanco como la nieve. El pobre Minokichi estaba paralizado del miedo. Sólo rezaba para que aquella mujer no fuera un espíritu o una demonio. Pero cuando ella volteó a verlo, sus miedos se habían confirmado.

La tez de la mujer era blanca y pálida como sus ropas, sus ojos eran negros como la noche y cuando abrió la boca, Minokichi observó que no tenía dientes, ni lengua, sólo un vacío total. Minokichi, resignado, sólo esperaba el momento de su muerte. Fue entonces cuando la mujer le hablo con un tono dulce y cariñoso. Le había confesado que iba a sufrir el mismo destino de su viejo maestro, pero sintió lástima por él, ya que era muy joven y apuesto, así que le perdonaba la vida. Sin embargo, si llegaba el día en que por algún motivo revelaba lo que había acontecido en ese lugar, esa misma noche lo mataría sin dudarlo. El joven, aún consternado, prometió no decir nada. Después de haber dicho la amenaza, la mujer desapareció de la cabaña y con ella la ventisca cesó.

Días más tarde, Minokichi despertó en la cama de su casa. Familiares y amigos le preguntaron sobre lo sucedido en aquella trágica noche en la que murió Mosaku, pero Minokichi, recordando su promesa y la amenaza nunca dijo nada.

Transcurrió un año y Minokichi ya había retomado su trabajo de leñador. Un día, cuando regresaba del bosque, se encontró con una bella joven de largos cabellos negros, quien se dirigía hacia la provincia vecina en busca de trabajo. Minokichi, aprovechando de que estaba anocheciendo y del hecho de que aún faltaba mucho para que ella llegara a su destino, la invitó a hospedarse en su casa, junto a su familia. La joven, muy agradecida, aceptó el ofrecimiento. Minokichi la llevó hacia su aldea, donde fue muy bien recibida por sus familiares. Ella se presentó ante ellos con el nombre de Oyuki. La intención de la joven era esperar en la aldea de Minokichi a que pasara el invierno para seguir su camino, pero las cosas dieron un giro.

Oyuki y Minokichi se enamoraron rápidamente y no pasó mucho tiempo para que ambos se casaran. De su unión nacieron tres hermosos niños, y vivieron felices por muchos años. Minokichi era la envidia de todo el pueblo. No sólo tenia como esposa a una bella mujer, sino que también era una excelente madre y esposa ejemplar. Pero había algo raro en Oyuki que llamaba la atención, parecía que no envejecía con el pasar de los años. Sin embargo Minokichi no le daba importancia, ya que él era feliz.

Un día Minokichi decidió hacerle un regalo a su esposa, ya que se acercaba el festival del pueblo. Así que empezó a confeccionar un par de sandalias con unas cintas rojas para sujetar los pies. Curiosa, Oyuki preguntó el por qué del color de las cintas, pero Minokichi  sólo respondió que el rojo resaltaba el color de su piel. Ambos siguieron con sus tareas, Oyuki seguía cociendo los kimonos de sus hijos, mientras Minokichi entretejía las sandalias. Todo procedía en una hermosa tranquilidad, pero cuando volteó  a ver de reojo a su esposa, Minokichi visualizó a la mujer con la quien se encontró en aquella noche fatal, donde murió su maestro Mosaku, en otras palabras, a la "mujer de la nieve". El pobre hombre se puso algo nervioso.

Su mujer le preguntó sobre su extraño comportamiento, mientras él le contestaba que al verla entre las sombras le había recordado a alguien que conoció hacer algunos años. Mientras Oyuki escuchaba atentamente sin decir ni una sola palabra, Minokichi seguía contándole con detalle acerca de aquella misteriosa mujer y lo que aconteció después. Oyuki siguió callada, mientras Minokichi, entre risas, admitió que quizás todo lo que vivió aquella noche habría sido un sueño.

Oyuki se levantó y miro fijamente a los ojos de Minokichi. Ella le confesó que era aquella mujer, la "mujer de la nieve", y como rompió su promesa tendría que matarlo. Minokichi confundido y asustado no supo que hacer. Sin embargo la mujer no lo atacó por el profundo amor que había sentido por él, así que le perdonó de nuevo la vida. Antes de irse, la mujer le advirtió que ahora él tendría que cuidar solo a sus hijos, pero si llegaban a quejarse por algo, lo mataría sin dudarlo. Después de haber dicho esas palabras Oyuki desapareció sin dejar rastro. Nunca más fue vista de nuevo ni por sus hijos, ni por su esposo, quien se quedó lamentando su gran pérdida de por vida.

Se dice que la mujer de la nieve sigue rondando los bosques en invierno en busca de un nuevo prometido, esperando que esta vez este pueda cumplir con sus promesas y guardar secretos.







viernes, 19 de abril de 2013

La inmigración japonesa en México: Los Nikkei

A finales del Siglo XIX, Japón se encontraba en una severa crisis económica iniciada desde principios de la era Meiji. Para solventar un poco la situación, en entonces Ministro de Relaciones Exteriores, Enomoto Tekeaki, consideró el desplazamiento masivo de personas hacia el extranjero y así solucionar el exceso de población de un país tan pequeño. De este modo, se abrió el Departamento de Migración, mediante el cual se realizó el primer éxodo masivo a México en 1897.

De este modo, con la llegada de un contingente de 35 japoneses llamados "Colonia Enamoto" en la región del Soconusco en el Estado de Chiapas, México se convirtió en el primer país latinoamericano en albergar la migración japonesa. A partir de este momento, a México llegarían distintas oleadas migratorias, principalmente después de la Segunda Guerra Mundial.

Muchos de estos emigrantes japoneses que se establecieron en México prosperaron y dejaron descendencia. A estos japoneses llegados de ultramar y a su linaje son conocidos con el nombre de Nikkei. A pesar de que existen otros términos más específicos para nombrar a los emigrantes japoneses, como Nissei, que se refiere a los hijos de estos, o Hafu, para los que se reconocen como producto de un mestizaje, la palabra Nikkei es el término genérico que engloba todas estas acepciones.

Muchos Nikkei mexicanos han destacado destacado en diversos ámbitos profesionales. A continuación se presentan algunos ejemplos:

Jesús Kumate Rodríguez, hijo de un inmigrante japonés y una profesora sinaloense, es un destacado médico cirujano, que entre varias cargos prestigioso que ostentó, fue Secretario de Salud y presidente del Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud.

Noé Murayama, hijo de un médico japonés y na mexicana, fue un actor de cine y televisión. su trayectoria cuenta con más de 150 películas, siendo uno de los más prolíficos de México.

Luis Nishizawa Flores, de  padre japonés y madre mexicana, es un pintor mexicano que se ha convertido en uno de los más importantes exponentes del arte mexicano.

Ayako Hamada (Ayako Valentina Hamada Villareal) es una luchadora profesional de ascendencia mexicana y japonesa. Hija del famoso luchador, El Gran Hamada, nació y se crió en México. Ha ganado varios títulos notables dentro de la Lucha Libre.

sábado, 14 de julio de 2012

El inframundo en las diversas cosmovisiones del mundo

El tema de la muerte siempre ha sido un tema inquietante para muchas culturas en el mundo. Sin embargo, la existencia de una vida después de la muerte es lo que más ha perturbado a las sociedades, ya que muchas veces esta idea rige las formas de vida de las personas.

El Mictlan, es el inframundo de las culturas nahuas en Mesoamérica, donde acudían los muertos "comunes", ya que los que morían en batalla y las madres que morían en el parto, los que morían a causa del agua, y los no natos, iban al Ilhuicatl Tonatiuh, al Tlalolcan, y al Chichihuacauhco respectivamente. Para llegar al descanso eterno, el alma del difunto tenía que hacer un duro viaje por la tierra del Mictlan pero con la ayuda de un xoloitzcuintle (perro) guardián. Después de sortear una serie de obstáculos, el alma llegaba al último nivel del inframundo, donde encontraría se anhelado descanso. El Mictlan era regido por Mictlantecuhtli, y su contra parte femenina, Mictlancihuatl, quienes ejercían su soberanía sobre el inframundo y las almas de los muertos. A diferencia de otras culturas, el Mictlán no tiene ninguna connotación moral donde hay una distinción entre el bien y el mal, es simlemente el lugar donde descansan los muertos.

Para el sintoismo, el Yomo No Kumi, es el inframundo donde acudían las almas de los muertos. En este reino el muerto va, aparentemente, a morar y pudrirse indefinidamente. Una vez que alguien haya comido algo del Yomi, es incapaz de poder salir de ahí. El Yomi no puede considerarse un paraíso al cual aspirar ni un infierno en el cual sufrir; simplemente es el hogar de los difuntos, teniendo una vida gris y oscura, independiente de su conducta en su vida anterior. Con la introducción del budismo en Japón, el Yomi se convirtió en uno de sus infiernos. Este inframundo es gobernado por Izanami y su entrada se ubica en la provincia de Izumo, quien fue sellada con un gran bloque de piedra por Izanagi, cuando escapaba del Yomi y de su esposa Izanami. Cuando logró escapar Izanagi notó el el Yumi era una región contaminada, opinión que se refleja en la asociación sintoísta entre muerte y contaminación.

Para los antiguos griegos, el reino de Hades, era una región neblinosa y sombría, a la que iban todos los mortales.En un principio se entraba al Hades sin ninguna distinción, posteriormente, se introdujo la idea de que las almas eran juzgadas. En el Hades existían varias secciones, en las que se encuentran los Campos Elíseos, los Campos Asfódelos y el Tártaro. En los Campos Elíseos moraban las almas de los héroes y hombre virtuosos que fueron bendecido tras ser juzgados en el Hades, en este lugar se llevaba una vida dichosa y feliz, en medio de paisajes verdes y floridos. En los Campos Asfódelos eran enviadas las almas de aquellas personas que tuvieron una vida equilibrada con el bien y el mal, donde moraban en una tierra llena de flores asfódelas, donde tenían una vida monótona y rutinaria. En el Tártaro era un lugar de tormento y sufrimiento donde eran enviadas las lamas de personas que hubieran cometido crímenes graves. Hades era el dios de este inframundo, en el que a menudo se le retrataba más como pasivo que como malvado. Su papel era mantener un relativo equilibrio.

En la mitología egipcia, la Duat, era el inframundo donde se realizaba el Juicio de Osiris y donde el espíritu del difunto debía deambular, sorteando seres malignos y otros obstáculos y pasar por una serie de puertas en diferentes etapas del viaje. Al morir, es espíritu era guiado por el dios Anubis ante el tribunal de Osiris. Anubis le extraía el corazón y lo depositaba en una balanza, era contrapesado con con la pluma de Maat, símbolo de la verdad y justicia. Mientras que al difunto el jurado le realizaba una serie de preguntas acerca de su vida pasa, el corazón aumentaba o disminuía según las respuestas. Los resultados del juicio le eran entregados a Osiris. Si la sentencia de Osiris era afirmativa, podía vivir eternamente en el Aaru, el lugar paradisíaco de los egipcios. Por otra parte, si la sentencia era negativa, su corazón era arrojado a Ammit lo que suponía el final definitivo del difunto, dejando de existir.

Para el budismo, el reino de los Narakas, es un lugar de sufrimiento que corresponde al inframundo. Es el nombre dado a uno de los seis reinos de mayor sufrimiento de la cosmología budista. Una de las características que distingue un Naraka de otros inframundos es que no son enviados a este región como resultado de un juicio divino que corresponde a un castigo. Además la estancia en el Naraka no es eterna, aunque suele ser muy larga. Según el budismo, un ser nacer en un Naraka como resultado de su karma previo y reside en el por un periodo determinado, hasta que su karma haya alcanzado su resultado final. Después de que su Karma negativo termine y se agote, podrá renacer en alguno de los mundos superiores como resultado de un karma anterior que no había madurado todavía. Emma-O además de ser la deidad que juzga el karma de los difuntos, es protector del Dharma de Buda.

En el hinduísmo, las regiones subterráneas e infernales y en particular la más profunda de estas regiones, recibe el nombre de Patalas. En los Patalas hay un registro donde están anotaddas las aciones de los hombres, la cual se tendrá en cuenta para que las almas vayan a uno u otros de los Patalas, según sus culpas. En este lugar, los condenados reciben terribles castigos como pasar por el ojo una aguja, andar sobre el filo de un sable, soportar grandes pesos, entre otros castigos. Pasando el tiempo de purgación, el alma pasa habitar el cuerpo de un animal, pasando por varios otros, has llegar por fin a la de un hombre. Después de varias reencarnaciones el alma se une en el gran ser que es el alma universal del mundo. Yama, dios de la muerte, también es el guardián del inframundo. Es el castigador de los muertos y es quien mide la balanza del karma.

Helheim es conocido como el reino de la muerte en la mitología nórdica, que se encontraba en la parte más profunda y oscura de Niflheim (reino de la oscuridad). Los que entraban aquí, eran los que morían por vejez o enfermedad y una vez que se entraba, ni los dioses podían salir de ahí, a causa del intransitable río Gjöll, que lo rodeaba. Existe una sala dentro del Helheim llamada Naströnd, donde eran enviados los asesinos, criminales y mentirosos. Las paredes estaban cubiertas de serpientes quienes escupían veneno sin parar. Este reino era gobernado por Hela y custodiado por un perro conocido como Garm. La mitad superior del cuerpo de Hela era realmente hermoso, pero la mitad inferior era igual a un cadáver en putrefacción.

Los Incas definieron a Uku Pacha como el mundo de abajo, el mundo de los muertos, el de los no nacidos y todo aquello que se encontraba bajo la superficie terrestre o acuática. Las cuevas y toda abertura de la corteza terrestre, eran consideradas las vías de comunicación entre el Uku Pacha y el Kay Pacha (mundo terrenal). Este inframundo era representado con una serpiente gigante.



viernes, 6 de abril de 2012

Las relaciones históricas entre México y Japón

España, después de conquistar las Filipinas realizaba todo tipo de intercambio con Oriente a través de la Nueva España, actualmente México. En 1561 Fray Andrés de Urdaneta recibió ordenes de que, siguiendo la ruta de Acapulco a las Filipinas, buscara unas islas que debieran estar entre el continente americano y Asia, en especial aquellas islas japonesas ricas en oro y plata.
Sin embargo, fue hasta enero de 1564 cuando Fray Andrés de Urdaneta zarpó del puerto Barra de Navidad con la flota de expedición dirigida por Miguel López de Lagaspi, y con la orden de la Audiencia de México, de que en caso de encontrar dichas islas, deberían tratar amistosamente sus habitantes, quienes ya tenían fama de ser excelentes trabajadores.
En el año de 1567, Legaspi envió al Rey de España, Felipe IX el informe que existían grandes islas en Filipinas, como Luzón y Midoro, mismas que fueron colonizadas por su expedición, donde chinos y japoneses llegaban para fomentar su comercio. En 1575, Juan Pacheco Maldonado informó a Felipe II sobre el comercio que realizaba Japón en Filipinas. Este era muy extenso, con variados artículos de intercambio, ya que los barcos japoneses que llegaban a Manila llevaban trigo, carne salada, cuchillería, biombos, jaulas, vasijas con dibujos de oro sobre laca, abanicos de papel, etc. Al regresar, su carga consistía en oro, piel de venado, vasijas de barro, ahuizcle, seda cruda, vino, espejos y otras mercancías europeas que habían sido enviadas desde México.
En 1609, Don Rodrigo de Vivero, Gobernador de las Filipinas en su viaje de regreso a México, naufragó frente a las costas del Japón. Los japoneses auxiliaron a 370 náufragos y les brindaron su hospitalidad durante el tiempo que hubieron de permanecer en Japón. Asimismo Vivero fue recibido por el segundo Shogun Tokugawa en el Estado actual de Tokio, y posteriormente, se entrevistó con Ieyasu (fundador del Shogunato Tokugawa) en Sumpu, actual prefectura de Shizuoka. En la segunda entrevista que Vivero tuvo con las autoridades del gobierno japonés, se hicieron negociaciones sobre intercambio comercial, navegación, cooperación técnica y sobre divulgación de la fe Cristiana. Vivero solicitó que en la costa oriental de Japón se construyera una factoría con instalaciones de almacenes y astilleros para los barcos españoles. También requirió que se construyeran templos para ser atendidos por los misioneros españoles, y que a todas las delegaciones enviadas el Rey de España les fuera dispensado un trato honroso, así como se prestara toda la ayuda necesaria a los españoles en caso de naufragio. Además demandó que se expulsaran a los holandeses de la isla con quienes Japón mantenía tratos comerciales.
Ieyasu pidió a Vivero la apertura del comercio con España, y el envío de mineros especialistas en plata, pilotos y marineros de la Nueva España, ya que en esa época Japón carecía de la tecnología occidental y prácticamente se encontraba en desventaja en cuando al desarrollo de dichas técnicas.
Después de permanecer por un tiempo visitando las islas japoneses, Vivero partió con su misión y con algunos japoneses del puerto de Uraga hacia Acapulco, en el Barco de San Buenaventura de 120 toneladas.
Luis de Velazco II, Virrey de la Nueva España dio una buena acogida a los jóvenes que llegaron con Rodrigo de Vivero en México, y convocó a su consejo, en donde se discutió el envío de la expedición para descubrir las fabulosas islas abundantes en oro y plata, que suponían existir en Japón. En esta junta se decidió enviar una misión bajo el mando de Sebastián Vizcaino, en viaje directo al Japón, para sgrandecer a Ieyasu e Hidetada la hospitalidad brindada a Vivero y devolver los cuatro mil ducados que Vivero debía al Japón, además del costo del Barco de Buenaventura.
Vizcaíno salió de Acapulco el 22 de marzo de 1611y llegó a Uraga el 10 de junio del mismo año, llevando consigo la respuesta del virrey a la carta de Ieyasu, los retratos del Rey de España, de la Reina y del Príncipe, también regalos, entre otros un reloj hecho en Madrid en 1581, el primero que se vio en Japón y que actualmente forma parte del tesoro del templo Toshogu del monte Kuno. Después de su visita a Edo y Sumpu, Vizcaíno organizó una expedición para emprender la infructuosa búsqueda de las "islas ricas de oro y plata". Además la situación política japonesa había cambiado notablemente, comparada cuando estuvo Vivero, de modo que Vizcaíno no pudo concretar nada en sus negociaciones.
De acuerdo con el consejo de los jesuitas que ya se encontraban instalados en Japón para el ejercicio de su misión, tres daimyos de Kyushu, organizaron la primera embajada japonesa a Europa, la cual se dirigió a través de la ruta Macao, Molucas, India y Cabo de Buena Esperanza, exclusivamente a Portugal y a Roma. Por otra parte, el fraile franciscano Luis Sotelo propuso a Masumune Date, daimyo de noreste de Japón , una nueva embajada en la Nueva España y Europa. Masamune aceptó su propuesta y mandó una delegación del Virrey en Nueva España, al Rey de España y al Sumo Pontífice, con la idea de que fueran enviados frailes de la Orden de San Francisco para la conversión de sus vasallos al cristianismo, y también la posibilidad de adquirir los conocimientos de la tecnología de las minas mexicanas de plata. Este grupo estaba constituido por tres frailes franciscanos, entre ellos Sotelo, y ciento ochenta japoneses encabezados por Rokuemon Tsunenaga Hasekura.
La misión de Hasekura zarpó el 28 de octubre de 1613 del puerto de Tsukino-Ura en el barco de Mutsu-maru, llamado por los españoles San Juan Bautista, y arribó a Acapulco el 25 de enero de 1614. De ahí se trasladaron a la capital mexicana en donde el Virrey Diego Fernández de Córdoba recibió afectuosamente al grupo encabezado por Hasekura. En esta ocasión le entregó la Carta de Masumune Data con sus proposiciones, entre varias de las cuales requería, misioneros cristianos de la orden franciscana para la evangelización de sus vasallos, pilotos y marinos, libre comercio recíproco de artículos japoneses entre México y Japón, y prometía que expulsaría a los ingleses y holandeses enemigos del Rey de España que llegaran a sus dominios.
La respuesta del Virrey a la propuesta de Masumune Date, fue con cierta reserva, ya que debería esperar la resolución de Madrid a este asunto. La recepción que por su parte ofreció a la delegación japonesa, fue en una casa cercana a la Iglesia de San Francisco de la Ciudad de México, donde les brindó alojamiento. Precisamente en esta iglesia, fueron bautizados 78 integrantes del grupo y confirmados por el Arzobispo, a excepción de Hasekura, quien sería bautizado posteriormente en Madrid. Dos meses más tarde, Hasekura, Sotelo y sus 20 acompañantes japoneses partieron para Europa, y en su viaje a Veracruz pasaron por las Ciudades de Puebla y Jalapa donde fueron recibidos por grandes fiestas y agasajos. Su salida de Veracruz, junto con junto con Sotelo y parte de su misión, fue el 10 de junio de 1614, pasando por la Habana, para llegar a Sevilla el 5 de octubre de ese mismo año.
Dos años después de su salida hacia Europa, Hasekura volvió a México en febrero de 1617 para seguir su viaje de regreso al Japón. Al llegar a Acapulco, fue recibido con entusiasmo por la mayoría de la misión que había quedado en la Nueva España, y encontró que algunos de ellos se habían establecido formando familia en México. Hasekura llamó la atención por la forma de verle vestido a la usanza cortesana de los nobles españoles. La embajada de Hasekura, acompañado por Sotelo, finalmente zarpó en abril de 1618 con destino a Manila. Cuando llegó al Japón encontró que la religión cristiana había sido rigurosamente prohibida y tuvieron que renunciar a la religión católica y al bautismo que habían recibido en su visita a la corte española.
Los primeros intentos por establecer relaciones comerciales y amistosas entre Japón y México terminaron en fracaso. México no estaba entonces en posibilidades de contestar inmediatamente y positivamente a la solicitud japonesa por estar sujeto a las disposiciones del rey español y por la envidias de los residentes en Manila y Madrid. Por otra parte, impidió el desarrollo de las incipientes relaciones comerciales con la Nueva España, la lucha de holandeses e ingleses por monopolizar el comercio con Japón, que ya conocían también la rivalidad que existía entre españoles y portugueses en lo comercial y lo religioso.
En 1639 Japón optó por la política de aislamiento nacional, con lo cual prohibió el comercio con el extranjero, exceptuando el de los holandeses y de los chinos de Dejima en Nagasaki. Los japoneses no podrían salir del territorio y quienes se encontraban en el extranjero no podían regresar. Japón se sumió prácticamente en un ostracismo completo. La única lengua europea que se mantuvo vigente fue la holandesa. En la historia de la medicina se dice que hubo una época en que la curiosidad científica llevó a los médicos del Japón a aprender este idioma, para poder comprender los textos holandeses desde diserción que habían llegada sus manos y que diferían enormemente de los textos chinos que hasta entonces eran conocidos por ellos, hecho que en cierta forma marcó los inicios del encuentro con la civilización y cultura occidental.
En el año de 1709, fue publicado en Japón un libro titulado Kai-tsusho-ko de Zyoken Nishikawa sobre geografía mundial. En el capítulo correspondiente a México se mencionaba un ave, quizá el pavo o el guajolote; se decía también que había cien mil casas particulares y que la tierra era muy fértil. Aunque México no tuvo contacto con Japón durante 99 años el franciscano Melchor Ollanguren, que por muchos años fue agente de comunicaciones de Filipinas, publicó en México una gramática para el aprendizaje de la lengua japonesa.
En 1841, el barco Eiju Maru fue sorprendido por una tempestad en su viaje a Oshu, región del noreste del Japón. Durante 120 días flotó a la deriva hasta el sureste, hasta que un barco español lo rescató y lo llevó a la península de Baja California de Baja California. Hatsutaro y otros doce japoneses desembarcaron en el Cabo de San Lucas, en donde permanecieron hasta ser llevados a San José California, lugar donde vivieron casi 7 meses. Los japoneses fueron alojados en casas particulares y recibieron una cordial atención. La familia que se encargo de atender a Hatsutaro, lo trató con particular afecto, enseñándole a leer y a escribir español. Estos hechos. a pesar de las barreras que existían y que limitaban las relaciones demostraron, sin duda, el deseo que tenían ambos pueblos de conocerse mutuamente.
Con motivo de la aproximación del planeta Venus a la tierra, cuya máxima cercanía ocurriría el día 9 de diciembre de 1874, científicos de Inglaterra, Estados Unidos, Francia se citaron en la ciudad de Nagasaki, Japón para observar el fenómeno. Asimismo, el Subsecretario de Comunicaciones de México, el Sr. Díaz Covarrubias viajó a Japón a principios de noviembre con tal propósito, pero en virtud de haber llegado con atraso para dirigirse a Nagasaki, tuvo que establecer su observatorio en Yokohama.

Japón no admitía en aquel tiempo que los extranjeros vivieran fuera del territorio de concesión. Sin embargo, el Gobierno japonés no sólo autorizó al grupo de observadores mexicanos, con todas las facilidades posibles, sino a demás envió dos oficiales, un estudiante de marina y un funcionario del Ministerio de Educación, como asistentes a la observación del astro. El observatorio de México se encontraba muy cerca de Tokio, por lo cual los observadores mexicanos pudieron fácilmente fomentar amistad con funcionarios japoneses y su pueblo. A la sazón, en México se discutía el plan de introducir algunos inmigrantes y Covarrubias en su informe insistió en que debieran ser japoneses, ya que el había podido apreciar que era gente laboriosa, inteligente y cortés.
En el año de 1853, el Comandante Matthew C. Perry de los Estados Unidos, entró por primera vez en la bahía de Tokio con una escuadra de cuatro barcos con el propósito de convencer a los japoneses que cesaran su política de aislamiento. Posteriormente regreso al año siguiente y concretó con Japón un trato de amistad. A continuación, en el mismo año se firmaron tratados similares con Rusia, Gran Bretaña y los países Bajos, de esta forma Japón se abrió nuevamente al intercambio internacional. Estos tratados se cambiaron cuatro años más tarde por tratados comerciales con las grandes potencias occidentales. Sin embargo, en el tratado comercial con los Estados Unidos, Japón les concedió la extraterritorialidad para sus nacionales y condiciones un tanto inequitativas en lo referente a las tarifas arancelarias. Es así, de acuerdo con la cláusula de la nación más favorecida, Japón se vio obligado en tener que acordar las mismas concesiones en los tratados con otros países, con la cual sufrió un rigurosa restricción jurisdiccional y aduanal, en detrimento de sus propios derechos.
Desde el inicio de la época Meiji, Japón se sintió perjudicado a causa de esos tratados desiguales. En cambio, México al negociar un Tratado con Japón en 1889, estuvo de acuerdo a renunciar al derecho de extraterritorialidad y concedió el derecho de fijar tarifas aduanales firmando un Tratado de igualdad con el Japón.
Hasta entonces, el Japón como única forma de resistencia contra la desigualdad, no permitía que los extranjeros vivieran en el interior del país, pero por el Tratado en términos de igualdad, suscrito con México , se permitió que los ciudadanos mexicanos pudieran establecerse, residir y viajar en todo el territorio japonés, y que se dedicaran al comercio, obedeciendo las leyes del país.
Para Japón, éste fue el primer Tratado de Igualdad concluido con países extranjeros, y gracias a él pudo negociar y establecer términos de igualdad en los tratados con otros países. Actualmente, las relaciones entre estas naciones, abarca facetas tanto en el ámbito político, como económico y social.