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jueves, 31 de diciembre de 2020

El mercado de Tlatelolco


El mercado de Tlatelolco fue fundado durante la regencia del tlahtoani tlatelolca Cuacuauhpitzahuac entre los años 130 y 1409, cuando todavía eran subordinados de los tepanecas. Gracias a esto y al establecimiento de relaciones comerciales con diferentes grupos, convirtió a Tlatelolco en un poderoso centro político y comercial. Después de haber roto sus lazos con los tepanecas, las fuerzas de Tenochtitlan, al mando de Axayacatl, conquistaron Tlatelolco por lo que la administración del mercado pasó al dominio de los tenochcas.

El espacio que albergaba el mercado (tianquiztli en nahuatl) se conformaba de un gran plaza ubicada a un costado del principal templo (huey teocalli) de Tlatelolco. Esta plaza estaba delimitada por edificios rectangulares con portales que funcionaban como una especie de reguladores comerciales. Ahí se vigilaban las buenas prácticas comerciales a través de tres jueces que resolvían cualquier controversia. También habían agentes de seguridad que garantizaban el orden.

Los productos que se comercializaban en este mercado procedían principalmente de la Cuenca de México, aunque también existían productos procedente de lugares más lejanos. Entre los productos que se ofrecían se encontraban: frijol, maíz, chía, amaranto, chiles  frescos y secos; los quelites (hierbas) como las acelgas, verdolagas, huazontles y espinacas; verduras como calabaza, jitomate, tomate, cuitlacoche, elote, chilacayote y aguacate; hierbas y raíces medicinales. También se comercializaban alimentos  preparados como las salsas de tomate y jitomate; asados de carne, tortitas de limo del lago, tamales, tortillas, atole y dulces cristalizados. En este mercado había animales vivos como codornices, guajolotes, tórtolas, patos, perros y tuzas; huevos de codorniz, pato o guajolote, pericos, aves cantoras, águilas y gavilanes. Se encontraban diversas carnes como de venado, liebre y perro, además de pescado de agua dulce, gusanos y chapulines. No sólo alimentos se hallaban, también existían otros productos como vigas, maderos, leña, tules y ocote; productos elaborados  como objetos cerámico, pieles  curtidas de puma; mantas, ropa, y diversos productos hechos en hueso, piedra, madera y concha. 

Entre las mercancías que provenían de lugares más allá de la Cuenca de México se encontraban: miel,  tabaco, copal, papel amate, sal de mar, cal, chapopote y hule; algunas frutas como el chico zapote, el zapote negro, el mamey, cacao y vainilla; aves de hermosos plumajes, pescado de mar, plumas ricas de numerosos colores, distintas piedras preciosas, metales preciosos, madera, concha, herramientas de cobre, navajas de pedernal, mantas e hilos de algodón en diferentes colores y hechuras, tinturas como la grana cochinilla, pieles curtidas de jaguar, ocelote, nutria, objetos cerámicos, ropa e hilos de algodón y maguey en diferentes colores, entre otros objetos. 

También se vendían tlacotin o esclavos, estos podían ser de diferentes edades y sexo.

En el mercado de Tlatelolco se utilizaba el trueque, aunque también se buscaba cambiar los productos necesitados por una cantidad de semillas de cacao o por unas mantas pequeñas llamadas patolcuachtli.



FUENTES

Díaz del Castillo, Bernal, Historia de Nueva España y islas de tierra firme,  5ta edición, México, Editores Mexicanos Unidos, 1993

Durán, Diego, La historia verdadera de la conquista de la Nueva España,  México, Imprenta de Ignacio Escalante, 1880

Bernardino de Sahagún, Fray, Historia General de las cosas de la Nueva España, 3ra edición, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2002

Rubio Fernández, Beatriz. "Los tianguis de la Ciudad de México en el siglo XVI". Anales del Museo de América XXI (2013)

Villegas, Pascale. "Del tianguis prehispánico al tianguis colonial: Lugar de intercambio y predicación". Estudios mesoamericanos; N. 8. 

Nebot García, Edgar. "La estructura económica de los mexicas según la perspectiva sustantivista de Karl Polanyi". Estrat Crític N. 3

lunes, 30 de noviembre de 2020

Vestimenta prehispánica de Mesoamérica

En la época prehispánica en Mesoamérica, los trajes que vestían sus habitantes variaban sobre todo en color, textura y ornamentación, manteniendo generalmente formas básicas. Al parecer, el uso de los vestidos de algodón estaba reservada a las clases privilegiadas. Por otro lado las personas comunes vestían de fibras de henequén y telas burdas de algodón. 

La tilmatli o tilma, era una prenda exterior usada exclusivamente por los hombres. Consistía en una manta de algodón que cubría el torso y parte de las piernas. Generalmente, en el caso de los pipiltin o la clase privilegiada iba atada al hombro derecho, mientras que los macehuales o las personas que estaban en un estrato más abajo la sujetaban al frente. También era usada en forma de una capa. Estas vestimentas siempre tuvieron colores de fondo y figuras tejidas, estilizadas y por lo común simbólicas.  Entre mayor el rango social, mayor era la decoración de su tilmatli

Por su parte, las mujeres usaban la cueitl o falda que consistía en un paño rectangular que se enredaba alrededor de la cintura y se sujetaba con una cinta llamada nelpiloni, que hacía las veces de cinturón. Esta especie de falda cubría a las mujeres de todo rango social. La dis­tinción de estrato en esta prenda no dependía de la forma sino de la decoración o carencia de ella. También vestían el huipil, una de las prendas más características de Mesoamérica. Consiste en la unión de dos o más lienzos que forman una túnica suelta y sin mangas. Así mismo las mujeres además usaban el Quechquémitl que está conformado por dos rectángu­los cosidos, de manera que los picos caen al frente y por atrás, formando triángulos. 


FUENTES

Bernardino de Sahagún, Fray, Historia General de las cosas de la Nueva España, 3ra edición, México, Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, 2002

Historia y presente del vestido en el México prehispánico, 1a edición, México, Fundación Cultural Armella Spitalier, 2008

Olko, Justyna. "Traje y atributos del poder en el mundo azteca: Significado y funciones contextuales". Anales del Museo de América 14(2006)

Fernández Barrera, Josefina. "El arte textil entre los nahuas". Estudios de Cultura Náhuatl; Vol. 5 



sábado, 30 de noviembre de 2019

Las exequias en el mundo nahuatl prehispánico


Tras el fallecimiento de una persona se iniciaba un ritual complejo que tenía como objetivo el del separar al difunto del mundo terrenal haca el lugar del inframundo que le corresponde.

Cuando ocurría el deceso, mujeres ancianas, plañideras, iniciaban sus lamentaciones rituales de una manera particularmente conmovedora, contagiando a las personas presentes.

Antes de amortajar el cuerpo cortaban un mechón de cabello el cual pondrían después en una urna con las cenizas y el mechón que habían cortado el día de su nacimiento. Este mechón era conocido como piochtli y se encontraba, según recoge Juan de Torquemada, "detrás del copete". Se puede considerar al piochtli como el contenedor del principio vital del ser, el tonal.

En estas exequias, se ofrendaban obsequios a los muertos. Estos iban desde los presentes más sencillos de los macehuales hasta los ricos regalos para la élite gobernante.

Mientras se divulgaba entre la comunidad la noticia de la muerte, comenzaban los preparativos para el ritual mortuorio. Ante todo se procedía al lavado ritual del cuerpo. Se esperaba que el cadáver permaneciera cuatro días en buenas condiciones ya que al quinto día se efectuaba la cremación o el entierro. 

Después del ritual de lavar y purificar el cuerpo, éste era envuelto en mantas y vestido con los hábitos correspondientes a su condición, sus facultades y circunstancias de muerte. Si fue militar era vestido con el hábito de Huitzilopochtli; si fue comerciante, el de Yacatecuntli. patrón de los mercaderes; si murió ahogado, con la vestimenta de Tlaloc, etcétera. 

Al tiempo que amortajaban el cuerpo, se hacía una figura mortuoria a semejanza hecha de madera. Los que oficiaban en los rituales mortuorios eran los cantores. Estos elevan diversos  discursos y cantos de lamentación. Los asistentes de este ritual mortuorio llevaban los cabellos sueltos, signo de luto entre los pueblos nahuas.

Una vez amortajado el cuerpo y hecha la estatua que lo representaba, se cantaban cantos funerales, miccacuicatl, (ver https://elahijadodetezcatlipoca.blogspot.com/2018/10/miccacuicatl-los-cantos-mortuorios.html)  y le daban de comer al difunto durante un convite ritual llamado quixococualia en donde se ofrendaba comida al difunto.

Después de cuatro días el cuerpo es llevado al lugar de su enterramiento o de su cremación. Si se optaba por la cremación, una vez dispuesto el cuerpo sobre la pira funeraria, la encendían con
leña  resinosa mezclada con copalli que fungía como incienso. Después de la cremación se procede a la ceremonia de recoger las cenizas, que eran colocadas en una urna. Por último, se realizaba la ceremonia donde se enterraban las cenizas. Por los costos, posiblemente el entierro sin cremación podría corresponder a la gente común o macehuales, mientras que la cremación era practicada por la clase gobernante o con jerarquía.


jueves, 28 de febrero de 2019

Rebeliones indígenas


Tras conquistar un territorio, el pueblo dominante tratará de someter y aculturizar al pueblo subyugado. Sin embargo, muchas veces el pueblo sometido se rebelará ante esas imposiciones , desencadenando conflictos armados.


La Guerra de Nube Roja
La guerra que sostuvo Nube Roja, prominente jefe Sioux, fue un conflicto bélico entre los Lakota, los Cheyenne y los Arapaho en contra del gobierno de los Estados por el control del río Powder. Tras el descubrimiento de minas de oro en Montana, el gobierno de los Estados Unidos decidió tomar el control de la Ruta de Bozeman, que pasaba por las tierras de caza del río Powder de los Lakota, para que fuera utilizada por los mineros y colonos. Tras negociaciones fallidas entre el gobierno estadounidense y las comunidades indígenas de la región, Nube Roja, jefe Sioux de los oglala, se levantó en armas y logró conformar una poderosa alianza  con todos los pueblos indígenas de la zona.  De este modo, Nube Roja y sus aliados llevaron a cabo una guerra de guerrillas contra las caravanas militares en la Ruta de Bozeman, atacando también las guarniciones de los diversos fuertes que se habían construido en la región. Para tratar de sofocar la rebelión, el oficial de caballería William Fetterman se dispuso a atacar a los insurrectos.  El 21 de diciembre de 1866, Fetterman, junto a sus hombres, cayeron en una emboscada por parte de los hombres de Nube Roja, muriendo todos los soldados estadounidenses en el campo de batalla. Este levantamiento obligó a las tropas estadounidenses a retirarse de sus guarniciones y a solicitar el Segundo Tratado de Paz de Fort Laramie, el 29 de abril de 1868. Este tratado estipulaba el abandono de la "Ruta de Bozeman" y de algunos de los fuertes construidos para su protección, así como la devolución de las tierras de las Black Hill.

La rebelión de Quisteil
Jacinto Cakek, líder indígena maya, era oriundo de una zona de lo que  hoy es el Estado de Campeche de México, pero que a mediados del siglo XVII, pertenecía a la Capitanía General de Yucatán. Jacinto Canek, cuyo nombre de nacimiento era Jacinto Uc de los Santos, se educó desde niño con los franciscanos en la ciudad de Mérida, sin embargo, debido a su temperamento y rebeldía fue expulsado. Gracias a su audacia, inteligencia y educación, logró liderar un movimiento de insurrección gestado por la injusticia social y los abusos de los españoles coloniales. El 19 noviembre de 1761 tras unas festividades populares en el poblado de Quisteil, en Yucatán, Canek desde el atrio de la iglesia incitó a los indígenas a levantarse contra los españoles. 
 
"Hijos míos muy amados: no sé qué esperáis para sacudir el pesado yugo y servidumbre trabajosa en que os ha puesto la sujeción a los españoles; yo he caminado por toda la provincia y registrado todos sus pueblos, y considerando con atención qué utilidad o beneficio nos trae la sujeción de España [...] No hallo otra cosa que una penosa [...] servidumbre".

En ese momento Jacinto Canek se proclamó rey de los mayas. Posteriormente los colonos españoles fueron atacados y Cisteil cayó en manos de los rebeldes mayas. El fraile Miguel Ruela, cura de la iglesia, escapó y pidió ayuda al capitán Tiburcio Cosgaya, quien de inmediato organizó una expedición punitiva para sofocar la rebelión. Sin embargo,  en la noche del día 20 del mismo mes, al llegar a Cisteil, las fuerzas españolas fueron emboscadas y como resultado de la refriega que siguió, fue muerto el comandante y otros militares que intentaron inútilmente aplacar a los rebeldes. Al ver la gravedad del asunto, El gobierno español de Yucatán envió entonces mayores fuerzas quienes vencieron a los rebeldes el 26 de noviembre de 1761, sin embargo, Canek logró escapar.  Poco tiempo después, el líder maya cayó preso en las inmediaciones de Quisteil, siendo conducido a Mérida junto con los otros rebeldes. Ahí, él y sus colegas fueron sujetos a  y a la postre, ejecutados en la plaza pública el 14 de diciembre. 



La rebelión de Túpac Amaru II
José Gabriel Condorcanqui Noguera, conocido popularmente como Túpac Amaru II, fue un  líder de descendencia indígena, considerado un precursor de la Independencia de Perú. Descendía de Túpac Amaru I, el último Sepa Inca, ejecutado por los conquistadores españoles durante el siglo XVI. Fue caudillo y líder de la denominada “Gran Rebelión” que se desarrolló en los Virreinatos del Río de la Plata y del Perú, en contra del imperio español. Entre sus ideales se encontraban la independencia de Hispanoamérica de España, la eliminación de las diversas formas de explotación y sumisión indígenas que imperaban en la época, la abolición de la esclavitud negra, entre otros.

Gracias a su condición de indígena noble, realizó sus estudios con los jesuitas en el Colegio de San Francisco Borja. Entre otras cosas, llegó a dominar el quechua, el castellano y el latín. Realizó prósperas actividades económicas, pero pronto se encontró con la presión de las autoridades españolas, sometiéndolo al pago de prebendas. También se vio afectado por el establecimiento de adunas y el alza de las alcabalas, además de que se le negó el reconocimiento de suy linaje real inca.  

Ante tales injusticias que sufrieron tanto José Gabriel Condorcanqui Noguera como los demás indígenas que vivían en la región, el 4 de noviembre de 1780 lideró la rebelión en contras de la dominación española, autoproclamándose como Inca y adoptando el nombre de Túpac Amaru, en honor a uno de sus antepasados. Con el apoyo de otros líderes indígenas, mestizos y algunos criollos, la rebelión fue expandiéndose, llegando a tener tropas de decenas de miles de combatientes.  Tras intensas batallas finalmente Túpac Amaru II fue capturado el 6 de abril de 1781. Durante su encierro, fue torturado e interrogado con el fin de sacar información sobre sus compañeros de rebelión, pero estos intentos fueron infructuosos. El 18 de mayo de 1781, Túpac Amaru II, su familia y seguidores fueron ejecutados  en la Plaza de Armas de Cuzco, sin embargo, la rebelión sería continuada por su primo Diego Cristóbal Túpac Amaru.



La Rebelión de Shakushain
Shakushain, fue hijo de un gobernante ainu, un pueblo indígena que se ubica en la isla de Hokkaido, el norte de Honshu, las islas Kuriles y la mitad de la isla rusa de Sajalín. Lideró una rebelión en contra de las autoridades japonesas en Hokkaido entre los años de 1669 y 1672.  El origen de esta rebelión fue el asesinato de un joven ainu a manos de un colono japonés. Shakushain, ya como gobernante ainu, gracias a su carisma pudo unir a las diversas comunidades ainu en contra de las intrusiones de los japoneses. En un principio, los ainu y los japoneses convivían en relativa paz, pero pronto los ainu se vieron sometidos a tratos injustos en cuestiones de comercio. En uno de los primeros ataques, Shakushain lideró a sus hombres en contra de las fuerzas del clan Matsumae, quienes representaban los intereses de las autoridades japonesas en esa región. El resultado de esos enfrentamientos fue en un principio en la muerte de muchos japoneses. Sin embargo, pronto los aunu, quienes usaban armas rudimentarias, se enfrentaron a las fuerzas del shogun Tokugawa, los cuales portaban armas modernas. La rebelión fue sofocada y Shakushain fue hecho prisionero y decapitado en Tokio en 1673. Este fue un último intento por parte de los ainu para preservar su independencia política.



Las Guerras Maoríes
Las Guerras Maoríes, también conocido como La Guerra de las Tierras de Nueva Zelanda, fue un conflicto armado que tuvo lugar en Nueva Zelanda entre los años de 1845 y 1872. Este conflicto estuvo motivado por el rechazo de la población maorí al dominio de la corona británica y de sus colonos en sus tierras. Tras la violación del tratado de Waitangi, que especificaba la protección de las tierras maoríes, quienes sólo podían vender sus tierras a la Corona Británica, el pueblo maorí se levantó en armas. Rápidamente  el conflicto armado se extendió por todo el territorio de Nueva Zelanda. Los primeros momentos de esta guerra fueron favorables para los maoríes, ganando algunas batallas y causando importantes bajas a los europeos, equipados tan sólo con armas rudimentarias. Sin embargo, pronto los colonos dieron vuelta a la situación, donde equipados con mejor armamento y artillería pesada, empezaron a repeler los ataques de los maoríes. Las últimas batallas que dieron fin a la guerra fueron las de Te Kooti y Titokowaru, donde fueron derrotados definitivamente los maoríes. Finalmente, se confiscaron casi 16.000 km² de tierras a los maoríes, que pasaron a estar bajo control de las autoridades colonizadoras, que las usaron para cubrir los gastos que había generado la guerra.

miércoles, 31 de octubre de 2018

Miccacuicatl, los cantos mortuorios



En el mundo nahua prehispánico, los cantos mortuorios, conocidos en nahuatl como Miccacuicatl (su plural Miccacuicah), ocupaban un lugar predominante dentro de los rituales que se tenían hacia los muertos

El miccacuicatl se divide en géneros expresivos orales que dan distintos matices del dolor y  angustia, Estos cantos mortuorios se establecen en el llanto acompañados con danza. Entre los diferentes cantos se pueden nombrar:

Miccachoquiztli (el llanto mortuorio) Se caracteriza por los llantos, lamentaciones y los aullidos que las personas dedican a sus muertos.

Tlaocolcuicatl (canto de lamentación) Aquí los gritos de desesperación, las súplicas, sollozos y gemidos se mezclan con el ritmo de los tambores, caracoles y palabras poéticas que se recitan en el lugar.

Icnocuicatl (canto de orfandad) En estos cantos prevalecía la resignación, en donde se expresaban sentimientos de tristeza y angustia.

Cococuicatl (canto de tórtolas) Estos eran cantos románticos-eróticos que se cantaban en festejos matrimoniales. Sin embargo, en rituales funerarios, estos cantos lamentaba la pérdida del cónyuge ya fuera hombre o mujer.

Atequilizcuicatl (canto de vertimiento de agua) Estos se cantaban en rituales mortuorios previos a la cremación. La persona encargada del ritual envolvía al cadáver en una mortaja de papel amate y de mantas blancas después de lo cual vertía agua sobre el bulto amortajado.

Tzocuicatl (canto de suciedad) Una vez puesta la ofrenda delante del muerto, los cantores tocaban tus tambores empezaban a cantar cantos de luto y de la suciedad que el luto y lágrimas trae consigo.

Xochimiquizcuicatl (canto de muerte florida) Estos cantos eran dedicados a quienes morían en el campo batalla o en la piedra de sacrificio. Para quienes morían en batalla, estos cantos estaban llenos de alegorías a la guerra con mucha euforia. Quienes morían en sacrificio,  los cantos se enfocan
al corazón ofrendado y a la persona que lo ofreció.