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domingo, 31 de marzo de 2019

La interpretación de la guerra en los códices


A lo largo de la Historia, los líderes políticos rara vez han asentado las derrotas o fallas y los monumentos que han erigido ofrecen las versión oficial de lo sucedido. Aun cuando se registran hechos verdaderos, el papel de los guerreros, sobre todo si eran plebeyos, era soslayada. Los códices mesoamericanos, al contener la visión de un Estado dominante, sigue esta misma línea. Sólo el héroes, mítico o real, es recordado y glorificado, mientras el guerrero común solamente es mencionado para evocar que hubo una batalla.
A partir del periodo clásico, la presencia de personajes armados en Mesoamerica se hace más rotunda y evidente. Las armas son portadas por personajes no como elementos exclusivo de la guerra, sino como parte del prestigio y la exaltación del individuo que los sostiene en actitudes de conquista o poder. 
Los mixtecos plasmaron en sus códices armas, atuendos, símbolos y ritos para obtener la victoria en la guerra, así como las campañas de conquista, con el objetivo de legitimar a las dinastías reinantes. Un ejemplo de esto es el códice Nuttall, donde están descritas las hazañas de Ocho Venado, Garra de Jaguar, el gran gobernante de la mixteca.
Hacia 1100 d.C., procedentes del norte de lo que hoy es México, los arco y flechas se introdujeron al Centro de México. Al mismo tiempo aparecieron y se desarrollaron nuevas armas que pronto dominaron los campos de batalla: hachas, “espadas” de madera, lanzas parecidas a las alabardas. Estas armas eran complementadas con equipamiento defensivo con escudos y chalecos de algodón acolchado, que protegían el tronco y permitían gran movilidad. Este armamento está plasmado en los códices mesoamericanos que han sobrevivido hasta la actualidad.
En Mesoamérica, las armaduras de algodón eran muy caras y sólo las empleaban los grandes Estados, que proveían de armas y armaduras a sus combatientes. Así, en los códices, sólo los personajes principales, como Ocho Venado en los códices mixtecos, o grandes ejércitos, como los ejércitos tenochcas, portan armaduras.
 En un principio, las Ciudades-Estados representaban a los cautivos de guerra, atados y humillados, lo que permitía a los gobernantes vencedores ser ensalzados. Los zapotecas de Monte Albán empezaron a representar, en el periodo preclásico tardío, los enemigos prominentes mutilados y ya muertos en lápidas conocidas hoy en día como los danzantes las cuales empotraban en las paredes. Para el protoclásico la imagen de conquista se modifica invirtiendo la cabeza del enemigo muerto, representado bajo el glifo de cerro o pueblo, ya conquistado, que se figura como una pirámide escalonada. Sin embargo, los grandes Estados del Posclásico que incorporaban a los pueblos conquistados, no se denigraba al vencido, sino que la conquista era representada de una manera más abstracta. Así, en los códices una conquista era representada con una lanza que atraviesa un glifo, un templo en llamas o el sometimiento de un guerrero ataviado y armado. Así en lugar de representar al enemigo como figura principal, surge la imagen del guerrero victorioso.

Según Ross Hassig, la mayor parte del armamento mexica estaba compuesto de arcos y flechas. Utilizaron también una especie de lanzas, en las que se lanzaban, y en otros eran utilizados como picas, según lo exigiera la ocasión.Tenían igualmente largas “espadas” de madera, con filosas hojas de obsidiana alrededor, conocidas como macahuitl, que eran utilizadas con las dos manos. Las armas defensivas, fueron utilizados por los Comandantes y personas de distinción, el resto del grueso del ejército estaban desnudos.

En la iconografía de Tula, los objetos más frecuentes son las armas, en las que destacan lanzas, dardos, atlatl, armas curvas, cuchillos, entre otros. La mayoría de estos objetos son representados en los códices en diferentes contextos.
Se pueden apreciar que los principales armas ofensivas de los aztecas eran armas de proyectiles y armas de choque, tales como lanzas y garrotes. Lanzas conocidas como tepoztopilli, estaban hechas de madera las cuales contenían de una serie de afiladas hojas de obsidiana alrededor de la punta, cuyo filo era mejor que los cuchillos españoles. El uso de esta arma se expandió a otras regiones de Mesoamérica. En los códices mixtecos es representada numerosas veces.
 Durante el posclásico medio, surge en el altiplano el macuahuitl, que puede considerarse como un arma emblemática de este periodo, pues en diversos textos creados en los primeros años después de la conquista se le pueden encontrar recurrentemente mencionados como un arma de gran eficacia, y capacidad para causar un daño considerable. Parece ser que existían dos tipos de macuahuitl, una que era utilizada con las dos manos y otra más pequeña, que podía ser utilizada con una mano. Ambas armas tenían hojas de obsidiana o pedernal, incrustadas y pegadas en ranuras a lo largo de la orilla. Algunos dibujos indican que el macuahuitl era rectangular, ovalado, y con diseños puntiagudos. A pesar de que las fuentes españolas mencionan que el macuahuitl más usual era la utilizada con las dos manos, a la usanza de las espadas largas europeas, en los códices son generalmente representados con el guerrero sosteniéndola con una mano. Los códices también muestran que tanto zaptecos como los mixtecos preferían los atlatl y las lanzas que a los macuahuitl, usados por los nahuas.
El atlatl era un arma de proyectiles, la cual fue venerado y estimado por su asociación con los dioses. Esta arma tenía un gran poder de penetración, por lo que se convirtió en un arma militar muy efectiva.Esta arma debió ser utilizado desde una distancia considerable para que fuera efectiva y lograr una mayor capacidad.  En los códices mesoamericanos, el atlatl es representada de manera abstracta, sin dar más descripciones sobre su uso.
 Como se ha mencionado anteriormente el arco y la flecha, procedente de aridamérica, llegó al Altiplano central entre el posclásico temprano y el posclásico medio. Aunque no se puede definir claramente el arribo y la utilización del arco y la flecha, sí se puede mencionar que sus características técnicas y prácticas esta arma debió cambiar en definitiva la perspectiva militar de la táctica y la naturaleza de los enfrentamientos posteriores entre los diferentes grupos mesoamericanos. La representación del arco y la flecha no es tan frecuente en los códices mixtecos, no así en los códices del Altiplano Central y zonas limítrofes, ya sea en códices nahuas o de otros grupos. En códices coloniales, a los chichimecas se les representa portando su arco y flecha como su arma principal.
 Dentro del ámbito bélico, un arma que suele representarse en los códices mixtecos y del grupo Borgia es el hacha. Según con los registros de los códices se puede deducir que en la región de la Mixteca, el hacha fue utilizada como arma, mientras que en el Altiplano Central, su uso bélico fue de un menor grado, a diferencia con otras regiones.

 Existían en Mesoamérica varios tipos de embarcaciones para la guerra, dependiendo del tamaño de éstas. Se las acorazaba de tal forma que los soldados que se parapetaban en ellas estaban casi a salvo. A pesar de estas descripciones, en los códices, tanto prehispánicos como coloniales, las embarcaciones militares son representadas de manera abstracta, sin mostrar más detalles y características.
 Las armas defensivas mexicas incluían escudos, cascos, y varios tipos de chalecos “antibalas”. Los escudos militares tenían una variedad de diseños y materiales. La ornamentación de los escudos varía según el color, el tipo y el diseño, de acuerdo con el estado, el mérito del propietario, etc. Esta ornamentación puede observarse en los códices, mostrando varios diseños. Los escudos plasmados en los códices son redondos, aunque existen ejemplos cuadrados o rectangulares que se han encontrado en el área maya, la costa del Golfo, y Cacaxtla, durante el postclásico clásico y temprano.
 Además de las armaduras, existían trajes de guerra, conocidas en nahuatl como tlahuiztli, que cubrían el torso, los brazos y las piernas. Estos trajes tenían la apariencia de pieles de animales, los cuales sólo los nobles podían utilizarlas.Los trajes que representan pieles de águila y jaguar, animales que evocan al mito del quinto sol, son símbolos recurrentes en el arte mesoamericano.2 Las pieles de los jaguares y de las águilas son tomadas en Mesoamérica como símbolos de los animales más fuertes, más astutos y carniceros. Este tipo de guerreros (águila y jaguar) pasaban por un rito de iniciación militar una vez que se lograban los méritos militares. En la pintura mural de teotihuacan se observan guerreros con atributos de animales, disfraces de águilas y jaguares o penachos de plumas y capas. Los atributos militares se manifiestan en atlatl, dardos, lanzas y cuchillos curvos. En el muro principal de Cacaxtla, los guerreros jaguar (los vencedores) se figuran en todo su esplendor de su atuendo militar. Usan capas de pieles de jaguar, usan ricos pectorales de jade, narigueras, emblemas sobre sus frentes atados con correas que a su vez sostienen haces de plumas que ondean tras su cabeza. Sus armas son lanzas, escudos y largos cuchillos. Los guerreros van pintados de negro para asustar al enemigo.  En los códices, los héroes míticos e históricos, así como altos mandos del ejército, son los que portan estos tipos de traje durante las batallas. En algunas escenas también llevan pintura corporal. Así la figura de estos personajes son ensalzados y destacados dentro de los códices.
 Se han identificado tres diferentes fases en el enfrentamiento bélico mesoamericano: intercambio de proyectiles, enfrentamiento cuerpo a cuerpo y persecución del enemigo.  Un ejemplo gráfico de esto se encuentra en el “Mural de la Batalla” en Cacaxtla. Mientras los guerreros jaguar victoriosos parecen muy similares en todo el mural, existen variaciones en los guerreros aves derrotados. Los que están en la parte occidental del oriental no llevan pintura corporal, mientras que los de la parte oriental del talud con frecuencia tienen cuerpos pintados en dos colores contrastantes. Con esto se plantea la posibilidad de que varios diferentes encuentros se comprima en esta escena. Así se puede observar que en este mural los guerreros jaguar se muestran dominando a los guerreros de aves que ya están heridos, desarmado, y derrotados. Los guerreros de aves son despojados desnudo, excepto por sus joyas de jade y tocados de aves. La desnudez de los guerreros derrotados tiene una connotación temporal, así: presagia el momento después de la batalla cuando los cautivos son despojados. En el caso de los códices, uno o dos de estas fases son representados. En los códices prehispánicos se muestran las últimas dos fases, ya que no se muestra explícitamente el momento en el que comienza el lanzamientos de proyectiles. Por otra parte, en los códices coloniales, cuyas escenas tienen una gran influencia europea, logran congregar generalmente dos de estas fases en una sola escena de manera más explícita.
En resumen, guerreros de élite generalmente llevaban chalecos antiproyectiles, cascos y trajes tlahuiztli y escudos. En el combate cuerpo a cuerpo se usaban armas de choque (por lo general un macuahuitl en el Altiplano y regiones cercanas, y lanzas y hachas en la zona mixteca), utilizando también atlatls y dardos. Los guerreros novatos carecían de chalecos antiproyectiles, pero tenía escudos, y de otras armas. Sin embargo, el grueso del ejército estaba compuesto por “plebeyos” que se desempeñaron como arqueros y honderos.

FUENTES

Brittenham, Claudia “About time: Problems of narrative in the Battle Mural at Cacaxtla” RES: Anthropology and Aesthetics, 59/60, 2011, vol. 37 

Bueno, Bravo,Isabel. “La la guerra mesoamericana en época mexica”. Estudios de Cultura Nahuatl, IIH-UNAM, 2006, vol. 37 

Delgado Becerril, Martín Alberto. (2010). Las hachas mesoamericanas del Posclásico y su representación en los códices. (Tesinas de Licenciatura – Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras) 

Garduño Arzave, Alfonso Antonio. (2008). Análisis arqueológico, simbólico y técnico de algunas armas de guerra representadas en el arte mesoamericano. (Tesis de Doctorado – Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras) 

Hassig, Ross. Aztec Warfare: Imperial expansion and political control, 1era edición,  Oklahoma, University of Oklahoma, 1988, 404 p.

____________. “La guerra en la antigua Mesoamérica” en Arqueología Mexicana, Editorial Raíces, vol. XIV, núm.84, marzo-abril, año 2007 pág 32-40

Jiménez, García, Esperanza Elizabeth. “Iconografía guerrera en la escultura de Tula, Hidalgo” en Arqueología Mexicana, Editorial Raíces, vol. XIV, núm.84

Pohl, John M.D. “La guerra entre los zapotecos” en Arqueología Mexicana, Editorial Raíces, vol. XIV, núm.84,

Trejo, Silvia. “La imagen del guerrero victorioso en Mesoamérica”. Estudios de Cultura Nahuatl, IIH-UNAM, 2000, vol. 31 

miércoles, 21 de agosto de 2013

Los códices mesoamericanos

El registro de los acontecimientos históricos y de las concepciones religiosas eran una parte fundamental para el sustento al poder de gobernantes, y al mismo tiempo legitimar los derechos territoriales de los pueblos mesoamericanos. Los códices forman parte de una gran tradición de sistema de registros mesoamericanos. Como éstos permitían guardar gran información en un pequeño espacio, se usaron para documentar actividades de las más diversas esferas de la vida del México prehispánico.

El sistema de registro que usaban los códices mesoamericanos precisaban de un complemento oral. Por este motivo, el arte de la memoria debió ser muy importante en la Mesoamérica antigua. Los maestros de las escuelas de los nobles enseñaban a los niños a interpretar los códices, pero también a memorizar sus historias.

Los códices se pintaban básicamente sobre dos tipos de materiales: la piel de venado y el papel de amate. Parece ser que el lienzo de piel de venado era el material preferido en la época prehispánica, mientras que el uso del papel amate predominó en la época colonial.  La pintura del códice no se realizaba directamente sobre el lienzo a utilizar; era necesario aplicar sobre la superficie una capa de estuco. Luego el tlacuilo (el encargado de dibujar los códices) procedía a realizar su trabajo sobre esa capa.

Entre los años 950 y 1150, surge en Cholula una tradición estilística e iconográfica conocida como Mixteca-Puebla. Las obras creadas en este estilo se caracterizan por su amplia gama cromática. en ella predominan los colores negro, café, ocre, amarillo, naranja, rojo y blanco. El estilo Mixteca-Puebla tuvo una gran difusión por toda Mesoamérica, donde los estilos y tradiciones locales coexistieron con las manifestaciones Mixteca-Puebla.

Los códices mesoamericanos conocidos, excepto los mayas, fueron pintados según las convenciones Mixteca-Puebla y, así, reflejan el estilo y la iconografía de esta tradición pictográfica. La figura de los códices están diseñadas para transmitir información de manera inequívoca. Al pintor no le preocupaba la verosimilitud de proporciones, posturas y anatomías, sino la claridad de las escenas.

Los principales acontecimientos históricos registrados por los códices mesoamericanos se vinculan con actos gubernamentales, en otras palabras, los soberanos son los protagonistas de esas historias. Aunque hace falta el relato oral que enriquecía las escenas, los códices conservados permiten conocer la gran importancia que los pueblos mesoamerianos asignaban a la conservación de sus tradiciones históricas.

Los códices mixtecos prehispánicos conforman un importante grupo de documentos cuya temática principal es la narración histórica y genealógica de los diversos linajes que gobernaron en el Posclásico. Los que sobrevivieron a la conquista española son los códices Bodley, Nuttall, Vindobonensis, Selden y Colombino-Becker. Cada uno de estos códices mixtecos comparten porciones significativas de la misma historia, biografía, genealogía, y asuntos rituales.

Los códices del "Grupo Borgia" de un conjunto de documentos que tienen en común el estilo y la temática. Cada uno posee un contenido calendárico ritual, el llamado tonalámatl, “almanaque de los destinos”, con el cual se realizaban predicciones favorables y desfavorables en función de combinaciones específicas de días, deidades y aves sagradas. Todos se encuentran en Europa. Quien los identificó como un grupo fue Eduard Seler, quien en 1887 inició el estudio e interpretación de su contenido, que aún hoy es base para las investigaciones modernas. Evidencias arqueológicas e iconográficas considerables indican que los códices del grupo Borgia fueron creados por confederaciones Tolteca-Chichimeca. Sus reinados fueron compuestos de varios y diferentes grupos étnicos pero los más influyentes fueron los nahuas del este de los estados mexicanos de Puebla y Tlaxcala.

Se conservan en la actualidad tres códices mayas de origen prehispánico: el Códice Dresden, el Códice París y el Códice Tro-Cortesiano. En los códices mayas aparecen algunas escenas pictográficas similares a las que vemos en los códices de la tradición Mixteca-Puebla, pero la mayor parte de su  se transmite por medio de su escritura.  Por sus materiales y técnicas de elaboración, los códices mayas eran similares a otros de Mesoamérica; su diferencia se limita al sistema de registro.

Desde los primeros días de la Conquista los españoles se dieron cuenta de que los códices indígenas podían serles de utilidad para administrar las nuevas tierras. Quienes destruyeron los códices indígenas acabaron aceptando y hasta promoviendo que se elaboraran nuevos manuscritos pictográficos para los fines de la administración colonial y para el conocimiento de las nuevas tierras. Desde los primeros años de la Conquista, la tarea de examinar las costumbres indígenas se convirtió en una iniciativa de los propios religiosos, quienes se sentían desarmados al no conocer las prácticas que se proponían erradicar. Una parte considerable del conocimiento de los códices pictográficos indígenas se debe a las investigaciones emprendidas por los frailes mendicantes.

Durante la Conquista, la mayor parte de los antiguos códices mesoamericanos fue destruida por los españoles. Varias bibliotecas se perdieron en la guerra de conquista y los frailes quemaron muchos códices para eliminar la idolatría. Ciertos códices fueron ocultados y salvados de la destrucción, lo cual permitió que se recordaran convenciones del arte pictórico y se realizaran copias.

Los pueblos nahuas produjeron una gran cantidad de códices históricos en la época colonial, copiando o recordando manuscritos anteriores a la Conquista. La mayor parte de estos documentos se elaboró para definir y legitimar la posición de los señoríos en la nueva situación colonial. Los relatos históricos nahuas, al igual que los otros pueblos de Mesoamérica, incluyen acontecimientos míticos referentes a los orígenes de los grupos y a las fundaciones de los pueblos.

Los libros fueron un instrumento fundamental en el cambio cultural producido en la Nueva España del siglo XVI, no sólo por sus textos, sino también por sus imágenes. Los pintores de códices del siglo XVI combinaban modelos de la antigua tradición mesoamericana con otros europeos, obtenidos en los libros impresos traídos por los españoles.




lunes, 20 de diciembre de 2010

Las hachas mesoamericanas del Posclásico y su representación en los códices

En términos generales, el hacha fue una herramienta muy importante para muchas culturas y Mesoamérica no podría estar exenta de su presencia. El hacha se puede encontrar desde Europa hasta América y desde épocas muy remotas como el Neolítico. Cabe mencionar que el diseño de cada una de estas no cambia mucho, incluyendo las hachas prehispánicas mesoamericanas.

Al observar el hacha en diferentes códices mexicanos, se puede llegar a la conclusión de que es una herramienta que fue utilizada en casi toda Mesoamérica, ya que existen registros tanto arqueológicos como documentales, en el centro, sur y occidente del país. La evidencia del Posclásico nos da una posible tipología que se atiende a la forma del mango y la colocación de la cuchilla.

Basándose estrictamente a los códices, se puede observar que el hacha fue utilizada como arma principalmente en la zona de la Mixteca, aunque hay evidencia de su uso como herramienta bélica en la región del Altiplano Central y posiblemente en la zona cuicateca. El probable material de fabricación es de metal para la Mixteca y de piedra para el Altiplano Central, ya que el diseño del hacha no es tan ambiguo como otras regiones, pudiéndose crear ciertas comparaciones con las evidencias arqueológicas encontradas.

Entre los significados que puede tener el hacha como herramienta simbólica en los códices se encuentra la representación del castigo en general, castigo judicial o castigo por algún delito que estuviera estipulado por las normativas prehispánicas. Otro significado del hacha es la representación del poder político o sagrado, que se puede identificar cuando el gobernante sostiene un hacha en actitud pasiva. Por último, se puede identificar el hacha representada en los códices con el sacrificio mediante decapitación, dando pie a la interpretación de que el hacha fue la herramienta para llevar a cabo este acto.

En los códices del Posclásico y coloniales, las divinidades que generalmente se representan con un hacha suelen estar relacionadas con el agua (Tlaloc, Chaahk), el pulque (Mayahuel, los Dioses conejo) y la muerte, (Mictlantecuhtli, Ah Puch) salvo algunas excepciones como son Tlahuizcalpantecuhtli en el Borgia e Itzamná en los códices mayas.

La actividad de cortar madera, ya sea de manera ritual o cotidiana, está estrechamente ligada con el hacha, ya que en todas las representaciones pictográficas de esta actividad, se lleva a cabo con esta herramienta.

El hacha tiene relación directa con el metal, ya que aparece en los códices representando a localidades cuyo nombre tiene algo que ver con el cobre y en las escenas de metalurgia es una herramienta recurrente. Sin embargo, solamente aparece en este caso en códices coloniales, en los cuales, la cuchilla es algo diferente a las que se representan en los códices prehispánicos.

Una de las principales de las características físicas del hacha que se pueden encontrar en los códices, es que en todas las representaciones de esta herramienta, ya sea en códices prehispánicos o en coloniales, el personaje las sostiene con una sola mano, aparentando cierta ligereza en la movilidad. También se puede apreciar el filo que tenían las hachas mesoamericanas en diferentes láminas, ya que muestra como, por ejemplo, un cuerpo humano es cortado de un sólo tajo.

Algunos códices nos muestran claramente el material con el que las hachas fueron creadas. Por ejemplo, en el Códice Colombino-Becker, las hachas que se muestran indudablemente son hechas de metal, mientras que las que aparecen en los códices mayas o en los coloniales de tradición nahuatl, nos muestran que son de piedra. Sin embargo, algunos códices son más ambiguos en este aspecto; por ejemplo, las del Borgia no son muy claras en sus diseños, puesto que no se puede saber si son de piedra o de metal, o como en el Cospi, donde el diseño de sus hachas es parecidas a algunas encontradas en sitios arqueológicos pero con un color grisáceo, parecido a un material pétreo. Cabe mencionar que la oxidación del cobre es la causa de que vaya perdiendo su coloración, teniendo un tono más oscuro.

Hay que tener en cuenta que el hacha es una herramienta que ha sido utilizada por varias culturas y en diferentes épocas, y no sólo fue utilizada como arma, sino también como herramienta (tanto práctica, como simbólica). Es por eso que el hacha fue utilizada para varias funciones, y esto se refleja claramente en los códices mesoamericanos prehispánicos y coloniales

FUENTES

Delgado Becerril, Martín Alberto. (2010). Las hachas mesoamericanas del Posclásico y su representación en los códices. (Tesinas de Licenciatura – Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras) 

lunes, 16 de agosto de 2010

La Tira de la peregrinación

La Tira de la Peregrinación, también conocida como Códice Boturini, es un códice mexica, probablemente elaborado en la primera mitad del siglo XVI. Se presume que puede ser una copia de un documento prehispánico original (el Códice X). Consta de veintiún láminas de papel amate, recubiertas de estuco.

Es el más temprano sobre la migración mexica, ya que se ha establecido que se elaboró entre 1530 y 1541. Por otra parte, su versión histórica fue la más utilizada a lo largo de los siglos XVI y XVII por distintos cronistas. Se halla reproducida en grandes dimensiones en el patio central del Museo de Antropología, en la ciudad de México, proyectando esa imagen de que la nación mexicana se identifica con los mexicas y su historia. En la Sala Mexica de ese mismo museo, asimismo, se exhibe una reproducción facsimilar del documento.

La Tira de Peregrinación es una fuente cuyo objetivo es mostrar la ascendencia chichimeca de los mexicas. Se trata de un relato en el que se relaciona a éstos con el dios Mixcóatl (dios chichimeca), quien posteriormente sería desplazado por Huitzilopochtli.

Según la leyenda el dios principal de los Mexicas, Huitzilopochtli (colibrí zurdo) les dijo que salieran de Aztlán en busca de una señal prometida la cual era un águila posada sobre un nopal devorando una serpiente, y en donde encontraran esta señal ahí fundarían su ciudad. Al salir de Aztlán, lo hicieron acompañados de ocho grupos más. Algún tiempo después, los mexicas se separaron de estos pueblos, por órdenes de su dios, quien les dijo que a partir de ese momento tendrían que buscar el sitio prometido, solos.

Tuvieron que pasar cientos de años hasta que los Mexicas llegarón al valle de México; ahí encontraron su señal prometida y en un grupo de islotes que se encontraban en medio del lago de Texcoco fundaron Tenochtitlan. Es posible que el Tlatoani que gobernaba en ese tiempo, al llegar a la tierra prometida, reescribiera toda la historia acerca de su peregrinación y omitiera cierta información desde la salida hasta la llegada de su pueblo a la tierra prometida. El códice cuenta con 20 imágenes y no está concluido.

La versión de la historia de la Tira viene a ser así una de las más conocidas, comentadas y utilizadas para abordar la historia de los mexicas. Sin embargo, los estudios con los que se cuentan son básicamente descriptivos, lo que explica que su versión histórica siga generando hoy en día grandes interrogantes.

lunes, 3 de mayo de 2010

El calendario en Mesoamérica

Los pueblos mesoamericanos tenían 2 ciclos o cuentas calendáricas: uno de 260 días y otro de 365. Ambos, enlazados, daban lugar a una gran cuenta de 52 años , lo que conformaba el siglo mesoamericano.

El calendario de 365 días se dividía en 18 meses de 20 días más un periodo adicional de 5 días. El calendario de 260 días se dividía en 20 trecenas. Estos sistemas calendáricos fueron representados en los códices.

Cada uno de los meses del calendario anual o Xiuhitl estaba dedicado a ciertas divinidades e incluía una serie de ritos y fiestas que prácticamente duraban los 20 días del mes. En los códices coloniales del Altiplano Central, como el Telleriano-Remensis o el Borbónico, se representaron imágenes de algunos de los dioses patronos de los meses y escenas correspondientes a danzas, ritos y ofrendas celebrados en diferentes fechas.

Sin embargo, como estos manuscritos se elaboraron a petición de religiosos que investigaban las costumbres prehispánicas, es difícil saber cuál sería el formato de los códices del rito anual antes de la Conquista.

El Tonalpohualli

El calendario de los 260 días , el Tonalpohualli parece haber sido un recurso de consulta fundamental para los magos y sacerdotes del mundo prehispánico. Contenía información sobre la fortuna propia de cada día y sobre los dioses patronos de cada periodo. La cuenta básica del tonalpohualli implicaba la combinación de 13 numerales y 20 signos (13x20=260). Al llegar al número 13 se empezaba la cuenta nuevamente a partir de 1. aunque todavía quedaban siete signos por contar , de manera que la combinación inicial de la cuenta 1 cipactli sólo se repetía después de haber transcurrido una cuenta completa de 260 días.


miércoles, 31 de marzo de 2010

8 venado, Garra de Jaguar, héroe de la mixteca

Los códices mixtecos no sólo hablan de linajes y dinastías, también nos hablan sobre las grandes hazañas de héroes históricos, entre ellos 8 Venado, Garra de Jaguar. él fue el gobernante más célebre de las montañas mixtecas, retocado con matices legendarios, al igual que el Quetzalcoatl de Tula.

En los códices como el Nuttal, Bodley y el Colombino-Becker, vemos en sus láminas la historia de 8 Venado desde su infancia: se refieren a su iniciación sacerdotal, su reinado en Tututepec, su alianza con Tula (Cholula) y su ascenso al trono de Tilantongo; se rinde cuenta de varias ceremonias religiosas, formidables gestas guerreras y relaciones con amigos y aliados. Entre estos destacan el señor 4 Jaguar, aliado desde la juventud de 8 Venado, y el señor 12 Movimiento, medio hermano de 8 Venado.

Prácticamente fue una persona que dedico toda su vida a la actividad guerrera. Se inició como guerrero a la edad de 8 años, para poder legitimarse como guerrero, tuvo que acudir a las armas para someter a casi toda la Mixteca, incluso se enfrente cara a cara a muchos dioses, derrotándolos. El vivió para la guerra y murió en batalla.

Su historia está hecha de hazañas increíbles y fantásticas. Logró someter a su poder gran parte de la región Mixteca, pudo establecer un nuevo linaje dinástico sin tener sangre "real", desafió a algunos dioses y obtuvo la aprobación de otros, incluso invadió y sometió tierra sagrada para poder enfrentarse al mismísimo Dios Sol en su propia morada. en su última conquista fue derrotado por uno de sus sobrinos, 4 Jaguar, quien lo sacrificó como prisionero de guerra. fue sepultado en la gruta donde eran enterrados los reyes de Chalcatongo.

Durante el gobierno de 8 Venado, muchos enfrentamientos terminaron al someterse a la autoridad de este gran personaje. Ningún otro personaje de la Mixteca parece haber tenido una capacidad de establecer alianzas y ganar batallas como la atribuida a 8 Venado, quien, según diferentes fuentes, habría vivido entre 1063 y 1115. Alcanzó exactamente la edad de 52 años, igual que Quetzalcoatl.