miércoles, 30 de septiembre de 2015

Simbolismos en los escudos de las selecciones nacionales de fútbol



Los escudos de las selecciones nacionales de fútbol están integrados por elementos que representan su cultura. Estos pueden ser desde sus colores nacionales hasta símbolos históricos y míticos.

En el escudo de la selección mexicana de fútbol sobresalen dos símbolos representativos de la cultura mexicana; el águila y la piedra del sol. En la antigua Mesoamérica, el águila fue considerado como un animal relacionado con el Sol. Junto con su contraparte, el jaguar, esta ave participa en uno de los mitos de la creación del mundo. Ambos estaban estrechamente vinculados con las órdenes militares que existieron durante el Posclásico. El águila es también parte central en el mito de la fundación de la ciudad de México-Tenochtitlan.

La piedra del sol, conocido popularmente como el calendario azteca, fue labrada a fines del período Posclásico. En ella hay inscripciones alusivas a la cosmovisión del pueblo mexica. La Piedra del Sol simboliza al Quinto Sol. Para los mexicas, el tiempo transcurría en periodos o eras cósmicas que llamaban “soles”. Antes que ellos existieran, ya habían existido cuatro soles. En el centro de este monolito está representado el rostro de Tonatiuh que aparece representado con la lengua colgando con la forma de un cuchillo de sacrificios de obsidiana. Tonatiuh se encuentra rodeado por el símbolo Nahui Ollín (4 movimiento), fecha en la cual el actual sol  (el Quinto Sol) fue creado.

El elemento central del escudo de la selección japonesa es un cuervo de tres patas. Este ave esa llamado en la mitología japonesa como yatagarasu. Su aparición se interpreta como la voluntad divina de intervenir en los asuntos humanos, por lo que son considerados como mensajeros de Dios.  Se dice que los yatagarasu enseñan sabiduría, benevolencia y valor. Según el mito, Yatagarasu fue enviado desde el cielo como una guía para el emperador Jinmu, fundador tradicional de Japón, en su viaje de la región de Kumano, a la región de Yamato.

El escudo de la selección de los Países Bajos está basado en el blasón real, que fue instaurado el 24 de agosto de  1815 por Guillermo I, el primer rey de los Países Bajos. El escudo de armas de los Países Bajos es una combinación de las armas de la familia real, la casa de Orange-Nassau, y las flechas y la espada, emblemas de la República de las Provincias Unidas del siglo XVII. De esa forma se creó el escudo de armas que hoy en día siguen utilizando los descendientes de Guillermo I, la actual familia real holandesa. La parte central de este escudo se encuentra un león rampante de color amarillo, sobre un campo de azur sembrado de billetes de oro.

Por su parte, el escudo de la selección inglesa de fútbol, se basa en el escudo de armas de Inglaterra, introducido por el rey Ricardo I "Corazón de León". El escudo de Inglaterra está formado por un único campo de gules en que aparecen tres leones de oro, lampasados y armados de azur. En un principio, los tres leones representaron la triple posición que tenía Ricardo I como Rey inglés, Duque de los normandos, y Duque de Aquitania.

El Estandarte Real de Escocia es la base del  escudo de la selección escocesa de Fútbol.  Este estandarte es la bandera empleada históricamente por el Rey de Escocia. Además, era la bandera de escudo de armas del Reino de Escocia. Se cree que este símbolo fue introducido a comienzos del siglo XII por Guillermo I de Escocia, sin embargo, no hay evidencia física de su uso, sino hasta 1222, fecha en la que apareció en el sello de su hijo, Alejandro II de Escocia. El estandarte está formado por un "león rampante" de gules, linguado y uñado de azur, sobre un fondo amarillo o dorado, y rodeado de un doble trechor florado y contraflorado de gules. Los monarcas escoceses usaron este estandarte, hasta la unión con Inglaterra, como símbolo personal.




lunes, 31 de agosto de 2015

Poesía del mundo antiguo



La poesía es un género literario que expresa la belleza o del sentimiento estético de cada cultura donde se desarrolla por medio de la palabra, ya sea en verso o en prosa.

Entre los nahuas del mundo prehispánico, el término in xochitl in cuicatl (en español "flor y canto"), equivale a al concepto de poesía y el de tlamatini (el que sabe algo o sabe cosas), al de poeta. Los tlamatinime (plural de tlamatini) eran educados en el calmecac, donde aprendían, entre otras cosas, los diversos cantos y versos divinos. La poesía nahuatl prehispánica trataba sobre temas cosmogónicos, así como rituales y religiosos. También retomaban temas como el amor, la belleza y el heroísmo; además dela reflexión sobre el sentido de la vida y su brevedad de la misma.

Canto de Axayacatl, señor de México (fragmento)

Continúa la partida de gentes, 
todos se van. 
Los príncipes, los señores, los nobles 
nos dejaron huérfanos. 
¡Sentid tristeza, oh vosotros señores! 
¿Acaso vuelve alguien, 
acaso alguien regresa 
de la región de los descarnados? 
¿ Vendrán a hacernos saber algo 
Motecuhzoma, Nezahualcóyotl, Totoquihuatzin? 
Nos dejaron huérfanos. 
¡Sentid tristeza, oh vosotros señores! 

Axayacatl

El haiku es una de las formas poéticas más breves de la literatura, que se popularizó en Japón, a mediados del siglo XVII. Sin embargo, no fue sino hasta a mediados de la era Meiji (1868-1912) que la denominación haiku comenzó a ser utilizada por el poeta japonés Masaoka Shiki. La palabra haiku significa literalmente “frase o sentencia de un actor". El haiku tradicional se compone por diecisiete moras (unidades que miden el peso silábico), distribuidas en tres versos de cinco, siete y cinco moras, respectivamente. El haiku generalmente describe los elemento y sucesos de la naturaleza, el cambio de estaciones y la vida cotidiana de las personas. 

Quietud:
Los cantos de la cigarra
penetran en las rocas.

Io Sogi


Los incas precolombinos  tenían un sistema de nudos o Kipus con el cual podían representar sus ideas. Este sistema está basado en nudos de colores diferentes, colocados a diferentes alturas sobre un cordón. Aunque los kipus numéricos fueron los más numerosos, algunos autores creen que existieron kipus ideológicos, los cuales tenían relación con algún texto histórico o literario aprendido de memoria.  Los arawikus o poetas incas utilizaron los versos cortos, de cuatro, cinco o seis sílabas Los poemas incas más comunes tratan del hombre poniéndose en contacto con la divinidad. Estos poemas son mejor conocidos como jaillis sagrados. Otro tipo de poema quechua es el jailli agrícola. Este tipo de poema es una canción realizada por los campesinos para descansar de su tarea, alude al trabajo concreto que ha reunido a hombres y mujeres en el campo. Similar al jailli agrícola, el wawaki,  era una canción de tipo dialogada, cuyos temas más frecuentes se refieran al amor entre jóvenes.

Oración primera de al hacedor (fragmento)

Raíz del ser, Viracocha
Dios siempre cercano,
Señor de vestidura,
Deslumbradora.
Dios que gobierna y preserva,
Que crea con sólo decir:
"Sea hombre,
Sea mujer"
El ser que pusiste
Y criaste
Que viva libre
Y sin peligro

Cantos sagrados reunidos por Cristóbal de Molina




A partir del siglo XIII, se empezó a desarrollar una tradición literaria sufí persa. El Sufismo es la forma mística del Islamismo, basada en el amor y la devoción.  Por su parte, la poesía sufí persa se caracteriza por una visión considerada como belleza divina, además de la relación amorosa que se establece entre un individuo y Dios. La poesía sufí esta llena de simbolismos, que van desde el vino y la mujer hasta las aves, el agua, la luz, entre otros.

Las rosas rojas han florecido
los ruiseñores están del todo ebrios.
Por doquier, el clamor y el grito del éxtasis:
¡Oh sufí, devoto del Eterno Ahora!


Hafez.



jueves, 30 de julio de 2015

Axis Mundi



El Axis mundi o "eje del mundo" es un símbolo omnipresente en numerosas culturas del mundo. Este es un concepto que refleja un punto de conexión entre el cielo, la tierra e incluso el inframundo en el que se reúnen todos los rumbos de la cosmovisión de cada cultura. En el axis mundi, las comunicaciones de los reinos o estratos inferiores pueden ascender a los superiores, y viceversa.  Este espacio funciona como la parte central del mundo u ombligo y como su punto de partida. El símbolo del axis mundi aparece tanto en contextos religioso como seculares.

En muchas partes del mundo, el Axis mundi es representado como un ente natural (una montaña, un árbol, un tallo, etc.) o como una creación humana (una torre, una escalera, un pilar, una cruz, etc). Al ser el símbolo  del centro del mundo, el axis mundi puede encontrarse en tanto religiones antiguas, chamánicas, animistas, así como en las principales religiones actuales.

Para los mexicas, el axis mundi de su cosmovisión está descrito en el relato fundacional de México-Tenochtitlan. Este historia nos dice que los mexicas, tras haber presenciado la manifestación de los símbolos sagrados enviados por su dios Huitzilopochtli, establecerían, alrededor de estos símbolos, su principal asentamiento. Estos símbolos son descritos como un nopal que emerge de un islote y el águila que posa encima de éste devorando una serpiente (en otras versiones la serpiente no aparece), refiriéndose así como un medio que conecta el cielo y la tierra (el axis mundi mexica), convirtiendo el lugar en su centro cósmico.

Dentro de la cosmovisión maya, el árbol de la ceiba sirve como representación de su axis mundi, el cual conecta el mundo subterráneo por medio de sus raíces y con el mundo celestial a través de sus ramas. la representación de la ceiba en la iconografía maya se remontan desde el preclásico, y textos mayas importantes como los  Chilam Balam mencionan a una ceiba verde conocida "gran ceiba madre" que atraviesa los tres niveles cósmicos, comunicandolas entre si.

El axis mundi de la mitología nórdica es el Yggdrasil, un fresno perenne considerado también como el árbol de la vida. Sus raíces y ramas mantienen unidos cada uno de los nueve mundos del universo nórdico.  Dividido en tres partes, en la sección alta de Yggdrasil se encuentra Asgard, el mundo de los principales dioses nódicos. en la parte central está Midgard, el mundo de los hombres, y en la parte más baja, Niflheim, el mundo de las brumas y el hielo.

El Monte Fuji es una de las montañas que gozan de mayor veneración en Japón, convirtiéndose desde hace tiempo en símbolo del eje del mundo o axis mundi de la cosmogonía nipona. Desde el siglo VII, el Monte Fuji es una montaña sagrada. Se han construido a lo largo de esta montaña varios santuarios para venerar las numerosas divinidades de las diferentes religiones.

En las antiguas escrituras zoroástricas de Avesta (textos sagrados de la antigua Persia), mencionan que Hara Berezaiti es la fuente y origen de todas las montañas del mundo. Según la cosmogonía plasmada en el Avesta, la parte alta del Hara Berezaiti es el centro geográfico del universo, cumpliendo la función de axis mundi.  Es una montaña en el cual giran las estrellas a su alrededor, además el sol se esconde detrás de esta montaña cuando cae la noche. Al Hara Berezaiti se le ha identificado con la cordillera Elburz (conocido también como Alburz), al norte de Irán.



lunes, 29 de junio de 2015

El calmecac y el telpochcalli



Dentro de la sociedad mexica, existieron dos importantes instituciones  educativas: el calmecac y el telpochcalli. Era en estos lugares donde se impartía la educación para los niños y jóvenes, en los cuales existía una estricta disciplina. Según relata fray Bernardino de Sahagún en estos centros “allí los enseñaban como habían de acatar y obedecer a la república y a los regidores de allá”, también menciona que “la filosofía moral enseñó por experiencia a estos naturales que para vivir moral y virtuosamente era
necesario el rigor, austeridad y ocupaciones continuas en cosas provechosas a la república”. 

En el calmecac asistían generalmente los  hijos de los nobles. La educación estaba regida por estrictos principios religiosos impartida por sacerdotes. A los alumnos se les enseñaban artes, ciencias, religión y se les preparaba para ocupar puestos en el ejército, administración pública y en asuntos religiosos. En esta escuela se les enseñaban cuidadosamente los cantares divinos, donde se encerraba lo más elevado del pensamiento religioso y filosófico del pueblo mexica. También prendían el manejo del tonalpohualli (el calendario sagrado),  la interpretación de los sueños y los mitos, así como los anales históricos. Los códices fueron de suma importancia para el estudio de estos temas.

El Calmécac era considerado como la “casa de lloro y tristeza” para sus alumnos, donde cada uno de ellos había de ser “humillado y menospreciado y abatido”. Es decir, esta era una institución donde los jóvenes tenían que vivir bajo una estricta disciplina por parte de los sacerdotes que regían el lugar. Sin excepción, a todos los estudiantes les esperaba una vida reglamentada por preceptos muy rigurosos, donde predominaba la humildad y en castidad. Cuando los alumnos ingresaban por primera vez en el calmécac, estaban obligados a levantarse de madrugada para dedicarse a limpiar el templo. A medida que iban creciendo, se les mandaba a la montaña a recoger y traer puntas de maguey destinadas al autosacrificio ritual, ramas de árbol para adornar los altares del templo, leñas para el fogón del templo, etc. También iban de noche, cada uno por su lado, a la montaña a ofrendar incienso a los dioses y a enterrar las puntas de maguey usadas en el autosacrificio ritual; se bañaban en la media noche con agua helada, sin importar el frío que hiciera además
debían rezar a los dioses y guardar ayuno durante los numerosos días y velar por el fuego del templo. La vida difícil y estricta del calmeac, aseguraba la buena conducta y fama de los estudiantes.

De las asignaturas que se impartían en el calmecac, se encontraba la retórica, que era de gran importancia para los futuros dirigentes, ya que  desempeñaba un papel muy importante en la vida política y social de los mexicas. Entre los requisitos que se pedían para la dignidad de tlatoani figuraba el saber bien hablar, además, el arte del buen hablar consistía en construir discursos llenos de alegorías y metáforas mezcladas con expresiones que explican el sentido de la filosofía náhuatl. Además de la enseñanza del arte de buen gobernar y la administración de justicia, el adiestramiento militar, así como las tácticas de guerra, ocuparon un lugar importante dentro del plan de estudios.

Por su parte, el telpochcalli era una escuela popular cuya educación era menos severa que el calmecac. Existía en cada calpulli (barrio) de tenochtitlan, y uno de sus principales objetivos era preparar al alumno para la guerra. Generalmente asistían los hijos de los macehuales. Sin embargo, a los estudiantes de estos centros también se les preparaba para trabajar  “al servicio del pueblo” en tareas de tipo comunitaria.  Los jóvenes que se criaban en el telpochcalli también tenían cargo de barrer y limpiar la casa y tenían la prohibición de tomar bebidas embriagantes, a expensas de un castigo severo. A través de una enseñanza y disciplina muy rígidas, los profesores iban eligiendo a los jóvenes más destacados en la guerra, para que desempeñaran  funciones de tipo policial y para promoverlo a funciones directivas. Entre las habilidades adquiridas por los alumnos se encuentra el manejo de diversas armas como el atlatl, la lanza o el macuahuitl.

Los alumnos del telpochcalli, desde edad temprana, participaban en los combates. Los novatos veían la lucha desde lugares seguros; Sin embargo, existían ocasiones en que los jóvenes, en grupos de tres, cuatro o cinco, se atrevían a lanzarse a pelar para sorprender a algún enemigo en desventaja. Si podían dominarlo y capturarlo vivo, obtenían su primera victoria en cuestión de prestigio y pedían que se les cortara un mechón de pelo, símbolo que era usado por los que nunca se habían distinguido en el combate. A partir de ese momento, eran considerados como maestros de sus compañeros más jóvenes. Sin embargo, no se les permitía atrapar otra vez en grupo a un enemigo; por que la siguiente acción en una guerra debía ser una proeza individual. Volver a capturar a un enemigo en grupo, era motivo de degradación de rango para todos los involucrados.

El régimen dentro del telpochcalli era más abierto y menos estricto que el del calmecac, ya que los jóvenes podían ir a comer a sus casas, para luego regresar a dormir en la escuela. Si los labores del campo lo requerían, los alumnos tenían permiso para ir a ayudar a sus familias. Las asignaturas estaban encaminadas en fortalecer el cuerpo y dominar el manejo de las armas, la agricultura, la caza y otros oficios.










jueves, 28 de mayo de 2015

Espías del mundo antiguo



El espionaje y la guerra han estado ligados entre sí desde sus orígenes. Es muy probable que desde que el hombre se organizó en ciudades, haya utilizado el espionaje como medidas de defensa y ataque. 

Las primeras manifestaciones de espionaje se remontan al reinado de Sargón I, gobernador del imperio acadio, en la antigua Mesopotamia. En una tablilla escrita en acadio que data del año 2,000 a.C., describe como Sargón I utilizó mercaderes como espías y exploradores para que le informaran sobre las regiones que quería conquistar. Sin embargo, el primer registro de una tropa especializada en el espionaje se encuentran en los archivos de la antigua ciudad siria de Mari, hoy Tell Hariri. Las tablillas encontradas en ese lugar, que datan del 1,800 a.C. aproximadamente, menciona a un cuerpo de espías militares llamados skabum. Entre sus actividades se encontraban el espiar las tropas enemigas, así como infiltrarse en los campamentos militares y ciudades que eran asediadas por el ejército de Mari, para encontrar puntos débiles en sus defensas. También servían como exploradores y rastreadores.

Más adelante, en la antigua China imperial, el General Sun Tzu incluía a los espías en su tratado militar, El arte de la guerra como un elemento clave para ganar una guerra. Para retratar este aspecto, Sun Tzu los divide en diferentes categorías. Están los espías nativos, que eran contratados entre los habitantes de una población; el espía interno, obtenido de los funcionarios enemigos; el espía doble, que es aquel que es sobornado para traicionar su bando a la vez de espiarlo; el espía liquidable, el cual proporciona información falsa al enemigo, y por último, el espía flotante, el cual es el encargado de transmitir los informes. Para Sun Tzu, armar este tipo de inteligencia militar eran necesario para alcanzar la victoria sobre el enemigo.

Por su parte, en la antigua India, Chanakya (también conocido como Kautilya), considerado como uno de los grandes estrategas de la antigüedad, plasmó sus opiniones sobre el espionaje en su libro Arthasastra. Este libro, que es un manual sobre el buen gobierno, menciona que el espionaje es una herramienta imprescindible para mantener el poder. Por ello, propuso la creación de una importante red de espionaje infiltrada en todos los estratos sociales, desde el más humilde hasta los círculos sociales más poderosos, para que así el rey tuviera información diversa sobre su reino.

En la época del Imperio Romano existió un grupo paramilitar que actuaban como agentes secretos al servicio de Roma, cuyo campo de acción estaba en Britania, hoy Gran Bretaña, conocidos como arcani o aerani. Su función principal era el de proporcionar información relevante a los generales romanos asentados en Britania.

La inteligencia militar del imperio mongol incluía el yam en su estrategia. El yam era un sistema de comunicaciones, en el cual se establecían postas a un día  de trayecto entre sí, los cuales suministraban caballos y provisiones a los mensajeros. Estos mensajeros a su vez, fungían como espías, recolectando información de los territorios que atravesaban. 

Entre los mexicas de la Mesoamérica prehispánica, los comerciantes eran conocidos como pochtecas. Eran viajeros que realizaban comercio a larga distancia, por lo que tenían una extensa red de comercio. Fueron una figura importante dentro de la sociedad mexica. Por su profesión, el pochteca sabía perfectamente los idiomas, dialectos, costumbres y vestimentas de diversas regiones, lo que le permitía pasar desapercibido entre la población local. Debido a esto, los pochtecas trabajaron como espías al servicio del tlatoani mexica.

En el Japón del siglo XV surge la figura de un guerrero especializado en el sigilo conocido como ninja.  Estos guerreros tenían habilidades extraordinarias para la infiltración, el camuflaje y el escape. Además del espionaje, el ninja realizaba asesinatos de personas de alto rango, sabotaje, reconocimiento del terreno, vigilancia, además de difundir propaganda negra (rumores y noticias falsas), entre otras actividades. Al grupo de técnicas utilizadas y perfeccionadas por los ninjas, se le conoce con el nombre de ninjutsu.


FUENTES

Herrera Hemosilla, Juan Carlos, Breve historia del espionaje, 1era edición, Nowtilus, Madrid, 2012, 

Tzu, Sun, El arte de la guerra, 1era edición, Ediciones Lea, Buenos Aires, 2012, 

Valdés Guerrero, Juan. (2010). La Cristiandad Medieval y China, los mundos distantes. (Tesis– Universidad del Bío-Bío. Escuela de Pedagogía en Historia y Geografía)  

De la Torre Villar, Ernesto, Lecturas Históricas Mexicanas, 2da edición, Instituto de Investigaciones Históricas-UNAM, México, 1998, 

Yukio Kaibara, Historia del Japón, 1era edición, Fondo de Cultura Económica, México, 2000

lunes, 27 de abril de 2015

Porfirio Díaz y Japón



Durante el régimen porifirista, el gobierno mexicano intensificó las relaciones diplomáticas con Japón, firmando un histórico tratado comercial en 1888. Un hecho que sirvió como antecedente inmediato  para que esto fuera posible, fue la visita del científico mexicano Francisco Díaz Covarrubias a tierras niponas para presenciar un importante evento astronómico.

En 1874  la Comisión Astronómica Mexicana, encabezada por Francisco Díaz Covarrubias, viajó a Japón para observar el tránsito de Venus frente al disco solar (lo cual ocurre sólo dos veces cada siglo); con el objetivo de  calcular con exactitud la distancia entre el Sol y la Tierra. Los mexicanos lograron hacer dicha observación en Yokohama. Japón no admitía en aquel tiempo que los extranjeros vivieran fuera del territorio de concesión. Sin embargo, el Gobierno japonés no sólo autorizó al grupo de observadores mexicanos, con todas las facilidades posibles, sino a demás envió dos oficiales, un estudiante de marina y un funcionario del Ministerio de Educación, como asistentes a la observación del astro. Tras la expedición, Francisco Díaz Covarrubias realizó una detallada descripción de la sociedad, economía y política japonesa, dando su punto de vista sobre la conveniencia de entablar relaciones diplomáticas y comerciales con Japón, así como facilitar y promover la inmigración japonesa hacia territorio mexicano.

Tras varias negociaciones, los gobiernos de México y Japón acordaron en 1888 un Tratado de Amistad, Navegación y Comercio, el primero en su tipo firmado por Japón en condiciones de igualdad.  Las negociaciones se llevaron a cabo en Washington a través de los representantes de cada país. Este tratado fue firmado en Washington el 30 de noviembre de 1888, por los ministros Mutsu Munemitsu y Matías Romero. El Tratado de Amistad, Navegación y Comercio entre México y Japón  entró en vigor en junio de 1889 en ambos países. En octubre de 1891 se formó el primer consulado del Japón en México.

Anteriormente, Cuando Japón fue obligado por los Estados Unidos a abrir sus puertos comerciales en 1854, el gobierno japonés no tuvo más opción que ceder ante la presión militar de Matthew C. Perry y sus buques de guerra que amenazaban las costas japonesas, y firmar tratados desiguales con los Estados Unidos y otras potencias occidentales.  Un elemento común en estos tratados era el sentido de extraterritorialidad, el cual le daba inmunidad a los ciudadanos extranjeros en territorio japonés. Sin embargo, en el tratado firmado por México y Japón se eliminaba la extraterritorialidad jurídica  donde los mexicanos en aquel país tendrían que acatar las leyes japonesa, así como los japoneses en México tendrían que acatar las leyes mexicanas. Por primera vez Japón lograba firmar un tratado igualitario en este sentido, el cual sirvió como precedente para futuras negociaciones del gobierno japonés. Por otra parte, el tratado permitía a los ciudadanos mexicanos el privilegio de entrar, permanecer y residir en cualquier parte del territorio japonés, un derecho que no se le había otorgado a ninguna otra nación.

Una de las consecuencias de ese acuerdo fue el flujo migratorio de Japón a México inaugurado en 1897 por migrantes enviados por el vizconde Enomoto Takeaki al Estado de Chiapas. En marzo de 1897 salió del puerto de Yokohama el primer grupo migratorio japonés con destino a México. Este grupo estaba compuesto por 28 trabajadores que viajaban bajo el estatus de colonos, más otros seis con perfil migrantes libres. El 10 de mayo de 1897 llegaron al puerto de San Benito, Chiapas (hoy Puerto Madero). De ahí se trasladaron hacia el pueblo de Escuintla, hasta llegar a los terrenos donde tenían que establecerse y trabajar. De este modo, con la llegada de un contingente de 34 japoneses llamados "Colonia Enamoto" en la región del Soconusco en el Estado de Chiapas, México se convirtió en el primer país latinoamericano en albergar la migración japonesa. El objetivo principal era que los colonos japoneses cultivaran café, sin embargo, diversos factores como el clima, la adaptación, algunas enfermedades, entre otras cosas, impidieron a que se dieran los resultados deseados. A pesar de estas adversidades, los seis migrantes libres, quienes tenían estudios en agronomía, fundaron la Sociedad Cooperativa Japonesa Mexicana, que llegó a ser una de las empresas de inmigrantes japoneses más grandes del continente americano. Para finales del siglo XIX, más de 10 mil migrantes japoneses desembarcarían en México.

Sin embargo, la primera migración japonesa  tiene registro en forma individual, inició en el año de 1890. Se trata de Tatsugoro Matsumoto, maestro jardinero imperial, especializado en  jardines japoneses, arreglos de rocas y cascadas. Tatsugoro Matsumoto había desembarcado en México antes de dirigirse a Perú, donde fue contratado por el Ministro de Haciendo de aquel país. Al regresar a tierras mexicanas, se traslado a la Ciudad de México, en donde estableció un negocio de florería y jardinería, en una de las zonas más lujosas de ese entonces.  Desde los primeros años de su estancia en México, su maestría en el trabajo de jardinería y de florería cautivó a la altas esferas de la sociedad porfiriana, trabajó para las familias más adineradas  e incluso para el presidente Porfirio Díaz. Introdujo el arte de los árboles bonsai, además de una gran variedad de especies de flores desconocidas en México como la bugambilia, los tulipanes o la jacaranda. Desde que se estableció en México, Tatsugoro Matsumoto nunca abandonó el país, murió a la edad de 94 años.

Durante las fiestas del Centenario de la Independencia de México, el gobierno de Porfirio Díaz invitó a Japón a participar en los festejos. La delegación japonesa regaló al gobierno de México un reloj monumental y dos floreros de cerámica Satsuma. El 2 de septiembre de 1910, se celebró una muestra de arte industrial japonés y de artesanías en el Palacio de Cristal, la cual fue inaugurada por el propio presidente Porfirio Díaz y el embajador japonés Kuma Horiguchi. Por esta exposición, el Palacio de Cristal fue conocido como el "Pabellón japonés". Lo que sobresalió de esta muestra fue el jardín japonés que fue instalado, además de las actividades culturales y la exhibición de equipo industrial del país asiático. El 1 de Diciembre de 1913, una vez terminadas las fiestas del Centenario y la Clausura de la Exposición Japonesa, tuvo lugar la inauguración del nuevo Museo Nacional de Historia Natural (hoy Museo Universitario del Chopo).




lunes, 30 de marzo de 2015

Cartografía indígena novohispana



Durante la época prehispánica, la utilización de mapas fue de suma importancia para las potencias indígenas de Mesoamérica, ya que en ellas podían no sólo administrar sus territorios, sino también planificar campañas militares, entre otras cuestiones. Lamentablemente, no se conservan ningún documento cartográfico de la época prehispánica, sin embargo, durante el periodo colonial, se elaboraron numerosas cartografías que guardaron varios rasgos antiguos.

Tras la conquista, la corona española se vio con la necesidad de administrar los nuevos territorios anexados, por lo que el gobierno virreinal tuvo que realizar mapas con el fin de reorganizar y aprovechar al máximo los recursos de las nuevas tierras. Para esto, se contó con la ayuda de tlacuilos (dibujantes y escribas de códices), quienes plasmaron en papel las características de esas tierras, utilizando, en un principio, muchas convenciones pictográficas prehispánicas. A su vez, estos documentos fueron aprovechados por los indígenas para dar veracidad a las tierras que anteriormente eran propietarios y ser reconocidos como tales ante la nueva administración gubernamental.

Entre los elementos antiguos que se encuentran en estos mapas está el altepetl, (cerro de agua en nahuatl) que durante el periodo posclásico de la época prehispánica no sólo denominaba a las ciudades y los asentamientos, sino también como una forma de conceptualizar a la sociedad. En los mapas novohispanos indígenas, el glifo del altepetl sirvió para representar a las elevaciones o cerros, sin perder su connotación mitológica, y algunas veces para nombrar a los poblados. El altepetl solía dibujarse como cerros en forma cónica, en la parte inferior se encontraba una abertura donde se simbolizaba la emanación de agua.

Por otra parte, el glifo toponímico que se usó en los códices desde la época prehispánica, se continuó dibujándose en la nueva cartografía, sólo que ahora estaría acompañado con una glosa en escritura alfabética, explicándolo a los no entendidos.

Otro recurso antiguo que se siguió utilizando fue la representación del camino, que solía trazarse mediante dos líneas paralelas, en las que se dibujaban huellas de pies descalzos, los que además, indicaban la dirección de dicho camino. Lo mismo sucedía con los ríos y otros  cuerpos acuosos, que en muchos mapas, eran representados con las convenciones antiguas. Así mismo con otros objetos como piedras, casas, fauna, flora, entre otras cuestiones.

Consumada la conquista, la antigua preocupación indígena por definir los límites y conservar el territorio se unió al interés del gobierno virreinal para conocer los nuevos territorios adquiridos, lo que dio continuidad a la tradición cartográfica  prehispánica mesoamericana.